Últimamente hay muchos que critican la actual forma de democracia (gobierno del pueblo) que se practica en la mayor parte de los países de occidente, ya que es muy fácil que se convierta en una demagogia.  En una demagogia se busca dirigir al pueblo mediante la propaganda y el discurso, es decir, convencernos de qué es mejor para nosotros mediante la palabra.  No digo que en estos momentos hayamos caído en una demagogia, pero sí es verdad que en nuestra democracia hay mucho de demagogia.  Se dice mucho y se hace poco, y cuando alguno hace algo (alguno de los que mandan) se le critica por ello.

Ya el filósofo griego Platón, decía que es muy fácil que la democracia derive hacia una demagogia, prácticamente igual de fácil que la monarquía derive hacia una tiranía.  Para evitar las deformaciones de las formas de gobierno proponía una nueva forma basada en la educación y formación de los dirigentes, buscaba crear una clase política cuyo trabajo y fin en la vida era “mandar” y para lo que se habían preparado durante décadas.

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Para empezar, todo el mundo debía estudiar (hasta ahí vamos bien).  Al finalizar los estudios cada uno podía elegir la profesión que más le gustara, artesano, médico, agricultor… pero aquellos que destacaban tenían que continuar su formación para convertirse en Guardianes.  Los guardianes debían defender el estado, y en su opinión, no debían de ser más de mil (recordemos que por aquel entonces cada ciudad era un estado).  Esto limitaba el poder de los Guardianes, que lo compartían todo, incluso las mujeres, cortando de raíz la corrupción en ese estrato al eliminar la propiedad privada del Guardián.  No obstante, los Guardianes que demostraran más habilidad en las ciencias y letras eran llevados a continuar su formación.

Sólo al cumplir los cincuenta años, y tras toda una vida de prepararse para ello, los estudiantes pasaban a formar parte del Gobierno del Estado, convirtiéndose en ARCONTES PERFECTOS.  Habían pasado toda su vida entrenándose para mandar, gobernar y organizar el estado, no tenían otra aspiración (¿se puede pedir más?) y se trataba de un honor alcanzar dicha categoría.  No obstante, los Arcontes, por muy perfectos que fueran, no podían gobernar durante más de diez años, retirándose de la vida pública al completar ese periodo.

Esta forma de gobierno sólo está en la teoría de Platón y, que yo sepa, nunca se ha puesto en práctica.  Pero suena interesante, ¿a que sí?

La verdad nos hará libres.

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