Archive for noviembre, 2010


La verdad sobre la luz


En respuesta a una pregunta de un conocido sobre la naturaleza de la luz…

A diario, la luz no sólo nos ilumina, también nos calienta.  La luz hace posible la vida en La Tierra, interviene en la formación de la materia orgánica a través de la fotosíntesis, nos ayuda a comunicarnos y puede convertir el día más triste en una explosión de vida y color.  Pero… ¿Sabemos realmente qué es la luz?

luz

La luz es una onda electromagnética, una sucesión de campos eléctricos y campos magnéticos que se transmite en una dirección determinada.  La luz no está compuesta de partículas, aunque a veces se comporte como tal.  La onda lumínica está formada por pequeños paquetes de energía que se llaman “fotones” y son la cantidad mínima de luz que se puede emitir, transportar y recibir.  Los fotones no tienen masa, no pesan nada y pueden viajar en el vacío a casi trescientos mil kilómetros por segundo.

Por otra parte, la luz es portadora de energía que al impactar en un objeto se manifiesta en forma de calor, por eso la luz calienta.  La onda lumínica puede reflejarse en todo lo que nos rodea y llegar a nuestros ojos, que transforman las ondas electromagnéticas en señales eléctricas que llegan a nuestro cerebro para formar las imágenes.  Es por eso que podemos ver.

Las plantas y las algas utilizan la luz para sintetizar materia orgánica a partir de materia inorgánica.  Los animales y los humanos necesitan materia orgánica para vivir pero no pueden sintetizarla, por lo que la dependencia de las plantas es total.  Las hojas de las plantas “fijan” la energía de la onda lumínica en un compuesto químico que se llama adenosín trifosfato (ATP), que luego emplean el resto de seres vivos como fuente de energía para el mantenimiento de la vida.

Características curiosas de la luz:

  • La luz no pesa.
  • Nada puede viajar más rápido que la luz.
  • La luz se transmite por el vacío.
  • La luz transporta energía.
  • La luz se transmite en una sola dirección.
  • No todas las ondas lumínicas son visibles.

Espero haber arrojado un poco de “luz” sobre el asunto, ¿Tenéis más preguntas?

La verdad nos hará libres.


Seguro que muchos de vosotros creéis que sois libres, que podéis hacer lo que os plazca, que nada os coacciona y que el poder de decisión está en vuestra mano.  Nada más lejos de la realidad.  La mayoría de nosotros (me incluyo, por supuesto) somos esclavos.  Vivimos atados a una u otra cadena, sometidos al yugo de gentes que no hemos visto en nuestra vida y, lo que es peor, la mayoría de las veces no somos conscientes de ello.  ¿Creéis que miento?  Seguid leyendo y luego me diréis…

chain cadena

Los esclavos del tabaco. Nadie puede negar esto.  Viven enganchados a una sustancia que, no sólo causa un nimio placer, sino que es altamente dañina para la salud, carísima, que provoca adicción y que está gravada con elevadísimos impuestos.

Los esclavos de la moda. Deben ir siempre a la última, renovando el armario cada temporada, vistiendo prendas que en muchas ocasiones no les gustan pero que deben llevar porque están de moda.  Pagan precios excesivos por prendas que, unos meses más tarde, estarán a mitad de precio.

Los esclavos de la tele. Se tragan programas de calidad ínfima, que no les aportan nada más que consumir su tiempo vital mirando como transcurre la vida de los demás en lugar de vivir la suya propia.  No estaría tan mal si la gran parte de la vida de los famosos no fuera un teatro.

Los esclavos del trabajo. Hace poco, un compañero decía que si no trabajara, se sentiría aburrido e inútil.  Le respondí: “¿Tan vacía es tu vida que tienes que llenarla de trabajo?”.  El trabajo es necesario para vivir, pero sin pasarse.  Nadie va a agradecerte ninguno de los esfuerzos que puedas llegar a hacer en el trabajo y, si pueden, se colgarán medallas a tu costa.  Tú haces el trabajo y otros cobran por ello, ¿Se puede ser más esclavo?

Los esclavos del dinero. Aquellos que viven encadenados a los préstamos, a las tarjetas de crédito, las hipotecas abusivas…  los tan mencionados mercados nos crean necesidades que no tenemos y que nos vemos empujados a cubrir para no ser menos que los vecinos.  ¿Necesitas realmente ese coche? ¿En verdad te hace falta comprarte todo eso?  Si es así, reúne un poco de dinero para comprarlo al contado, pero si no… replantéate tu modo de vida.

Los esclavos de los demás. Muchos, casi todos, vivimos obsesionados con lo que pensarán los otros de nosotros.  Nos importa que crean que somos tontos, que nuestra vida es pobre, que somos infelices o inferiores a ellos.  Por fuerza queremos aparentar lo que no somos para ser la envidia de aquellos que, muchas veces, llamamos amigo.  ¿Te gusta a ti envidiar a alguien? A tus amigos tampoco, respeta su felicidad y a la larga ellos respetarán la tuya.

Los esclavos de la ignorancia. Qué decir… sin palabras.

 

Hay más, hay muchos más… ¡Despertad!

La verdad nos hará libres.


¿Sabemos en manos de quién estamos?  ¿Sabemos quien gestiona las arcas municipales?  Expertos cualificadísimos, pensarán algunos, que han llegado a ocupar sus puestos después de triunfar en una larga serie de oposiciones de complejidad extrema.  Esto es, en parte, cierto, ya que en los ayuntamientos hay dos tipos de gestores: los electos y los técnicos.  Sólo los técnicos han opositado.  Sin embargo, los electos han pasado por un filtro aún más duro si cabe… ¡Las elecciones municipales!

avestruz

El autor gaditano J.C. Sánchez Enríquez satiriza la gestión municipal en su libro “Todos los ayuntamientos son Iguales”, donde relata las divertidas situaciones que se dan en un pueblo imaginario (Monteagudo) cuando el área de turismo, en un intento de atraer visitantes a la zona, se deja engañar por un vividor pseudo-empresario y adquiere un avestruz.  De forma casi inmediata, todo el pueblo se declara en contra de tan desdichada compra.  Para empezar, la oposición aprovecha la ocasión para desacreditar al actual alcalde, Rafael, y cubrirlo con un velo de descrédito.  Éste, se apoya en su equipo de concejales, entre los que destaca (por su comicidad) el de urbanismo, que sólo quería acceder al cargo para tapar los socavones de su calle que tanto atormentaban a su esposa.

Los ecologistas también se le echan encima, liderados por el simpático Margarito que, entre lance y lance de su tórrido romance con la ya madura Hortensia, dirigirá sus pancartas, berridos, sentadas y “manifas” a socavar la ya de por si dañada imagen del edil de turismo.  Los sindicatos no podían faltar en la fiesta, así como la policía local (preparada para actuar con inmediatez ante cualquier desorden) y los técnicos de protección civil, que también tendrán su propia batalla que librar.  Finalmente serán las asociaciones de vecinos y sus líderes los que, mientras buscan financiación para que sus mujeres puedan lucirse en su próxima verbena, atraerán el enorme pájaro a su terreno.

En tono jocoso se plantean muchas situaciones cuya resolución parecería sencilla a simple vista, pero que en el contexto del mar de papeles, chupatintas y enchufes de un ayuntamiento, se convierten en el más irresoluble de los laberintos.  Lo más divertido fue ponerle caras conocidas a los diferentes personajes de la historia, en función de sus “virtudes”… ¡Seguro que vosotros haréis lo mismo cuando lo leáis!

Esclarecedor y recomendable a todas luces.

La verdad nos hará libres.


¡Que buen trabajo! ¡Jefe de profesión! Algunas personas han nacido para ello, sin duda alguna han sido bendecidos con los santos óleos de la jefatura.  Desde pequeñitos se les veía venir, y es que apuntaban maneras ya en la más tierna infancia.  Son una especie aparte, de los que van quedando menos, pero que nunca llegará a extinguirse.  El típico “jefe español”, que ha llegado a donde está por ser primo segundo del vecino del director, que no sabe más que las cuatro reglas y para el cual escribir una simple instancia es poco menos que un crucigrama.  A todos ellos les dedico este romance… el “Romance del Jefe Español“:

 

Para llegar a ser jefe
no te tienes que olvidar:
de hacerte muchos amigos
y no tener dignidad.
Aprende a jugar al fútbol,
pero no cualquier manera,
practica el fuera de juego
y tira balones fuera.
“¡Yo no he sido el que lo ha hecho!”,
apréndelo de memoria.
Critica a tus compañeros,
no te mezcles con la escoria.
Y vende siempre a tu gente
para obtener beneficio,
nunca pienses en el precio,
que no es tuyo el sacrificio.
Y si hay uno que destaca
entre tus subordinados,
átalo fuerte a una estaca,
tenlo siempre controlado,
no vaya a ser que otro jefe
de rango mayor que el tuyo
lo ponga de directivo
y quedes como un capullo.
Trabajar es lo de menos,
la empresa importa un pepino,
tú sólo intenta cobrar
y meter a tu sobrino.
Que en esta vida sin rumbo
de sinsabor y quimera,
desde que el mundo es mundo,
ponen de jefe a cualquiera.

La verdad nos hará libres.

La verdad sobre el Mal


Me resulta difícil imaginar algo tan presente en el mundo como el Mal.  Sí, el Mal con mayúsculas, el Mal de verdad.  Thomas Hobbes popularizó una cita de Plauto que dice que “El hombre es un lobo para el hombre”, lo que significa que el mayor mal de la humanidad es la propia humanidad.  ¿Está en nuestra condición de ser humano el hecho de ser malo?  Vamos a analizarlo desde varios putos de vista.

el malo

El Mal como egoísmo.

El instinto de supervivencia nos obliga en ocasiones a ser egoístas, a quererlo todo para nosotros mismos, a acaparar recursos para nuestra familia, etnia o nación.  Este instinto es un mecanismo de defensa ante los tiempos de escasez, determinando el Bien y el Mal según nuestro propio criterio, lo que es bueno y malo para nosotros mismos.  Pero el hombre posee raciocinio, lo que le permite (en la mayoría de los casos) estar por encima de ese instinto.  Sólo en casos de exterma necesidad se impone el instinto a la razón.

El Mal como asuencia del Bien.

Hay quien dice que el Mal como tal no existe, sino que se trata de una ausencia del Bien.  Como si se tratara de la luz y la oscuridad, la oscuridad en si no tiene fundamento ya que se trata de la ausencia de luz.  Si esto fuera cierto no habría personas malas, todos seríamos más o menos buenos (algunos, nada buenos).  Esto está relacionado con el “Problema del mal”.

El Mal como demostración de superioridad.

A veces los poderosos no tienen otro mérito para serlo que imponer la fuerza.  Estos líderes se ven obligados a imponerse al resto del grupo a través de la destrucción de la imagen de otros (o directamente al otro) para resaltar la suya y a abusar de su autoridad sobre los más indefensos.  Sienten envidia hacia los demás porque se sienten inferiores a ellos, padecen un “complejo de inferioridad“.  Suele darse en personas que ocupan cargos inmerecidamente o que han llegado a ellos mediante artimañas.

El Mal como placer.

Otros se sienten bien causando males a sus semejantes.  No son malvados como medio para conseguir sus objetivos (robar para obtener riqueza), sino que para ellos el Mal es el fin en si mismo.  Diversas situaciones vividas me han llevado a pensar que, a veces, no hay otra explicación para el mal que alguien está produciendo en otro, simplemente “le gusta” hacer la puñeta.  Curiosamente, hay más de estos que de los egoístas o de los que padecen el complejo de inferioridad…

Luchar contra el Mal no es fácil, ya que es ir en contra de los instintos más basicos del ser humano.  Siempre ha habido, hay, y seguramente siempre existirá el Mal.  A veces no podremos evitarlo y tendremos que convivir con él.  Es en estas ocasiones cuando más puede afectarnos, así que pertrechémonos con una coraza de esperanza y armémonos con la lanza del valor para retarle a un duelo a muerte en que podamos, al menos, convencerle de que el Mal no compensa.

La verdad nos hara libres.

¡Dos mil visitantes!


dos mil visitantes

El blog Nadamasquelaverdad está de fiesta, ¡hemos alcanzado los dos mil visitantes!.  Me gustaría dar las gracias a todos los que han pasado por aquí y han compartido conmigo, en mayor o menor medida, unos minutos de su tiempo en la búsqueda de la verdad.  Hemos disfrutado de comentarios valiosos, buenas ideas e interesantes dialécticas, y todo gracias a vosotros.

Recordad que la verdad nos hará libres, seguid buscándola allá donde se esconda.

Besos y abrazos.


Muchísimo se ha hablado de los alimentos transgénicos, que si son perjudiciales para la salud, que si eso es jugar a ser Dios, que si no está probada su eficacia… Pero ¿Sabemos realmente lo que significa que un alimento o un cultivo sea transgénico?  Vamos a tratar de explicarlo de la forma más sencilla posible, paso por paso, para los no iniciados en la materia.

guisante

Veamos antes un poco de genética.  Mendel, un monje del siglo XIX, experimentó mediante la observación de cultivos de guisantes y enunció sus Leyes de la Genética.  Básicamente, vienen a decir que el hijo compartirá rasgos de sus padres, que dependerán en mayor o menor medida de la “relavancia” de sus caracterísiticas, por ejemplo, los guisantes rugosos predominan ante los lisos. Otros siguieron sus pasos, descubriendo el ADN (un ácido que se encuentra en todas las células del ser vivo y que contiene la información necesaria y suficiente para “fabricar” a ese mismo ser).  El ADN (ácido desoxirribonucléico) contiene cadenas de compuestos químicos (bases nitrogeniadas) que forman los genes.  Estos genes determinan si el guisante es ovalado, alargado, sensible a la luz, si retiene más o menos agua…

La ingeniería genética trata de modificar estos genes para el beneficio del ser humano.  Lo ideal sería producir guisantes que fueran como naranjas, y que consumieran poca agua, pero esto es realmente difícil.  Lo que sí se ha logrado es hacer que los guisantes sean resistentes a ciertos compuestos químicos.  De esta forma, se modifica el ADN de las plantas para que resistan a un pesticida en concreto, se fumiga todo el campo y muere ABSOLUTAMENTE TODO excepto la planta modificada genéticamente  para resistirlo (transgénica).  Fácil ¿no?

Entonces no hay problema… sembramos guisantes transgénios, fumigamos y obtenemos una cosecha libre de plagas.  El asunto viene después y no voy a entrar en temas de salud, sino en aspectos económicos y sociales.  Las empresas productoras de semillas transgénicas han crecido tanto que están comprando cada vez más industrias semilleras convencionales.  En muchos países ya es realmente difícil encontrar semillas no alteradas, lo que obliga a los agricultores a adquirir semillas transgénicas que son mucho más caras.  Como ya hemos dicho, estas plantaciones hay que fumigarlas con un producto determinado (al que son resistentes) que, casualmente, lo vende la misma empresa.  Je… monopoliza el mercado, obliga a muchos agricultores a pedir préstamos para costearse las nuevas semillas y encima les vende los pesticidas.  Negocio redondo, como el de los bancos.  No puedes comprar otra semilla (no la hay en muchos países) y no puedes comprar otro pesticida, o destruirías la cosecha.  Círculo vicioso.  Además, te obligan a firmar un contrato en el que te impiden obtener semillas de tu propia cosecha, con lo que te ves forzado a volverlas a comprar la siguiente temporada y volver a endeudarte.  El ciclo se rompe el año en el que la cosecha se pierde por el mal tiempo.  Ahí está la ruina.

Muchos más datos en este vídeo sobre una de las empresas de semillas transgénicas:

http://vimeo.com/11281651

El tema de la salud lo trataremos otro día.

La verdad nos hará libres.


Algunos preguntarán cómo puede relacionarse el arte con algo tan desagradable como la guerra.  La respuesta es bien sencilla: gracias a Sun Tzu.  Este personaje fue general del ejército chino unos cuatrocientos años antes de Cristo y su legado se materializó en un tratado sobre la guerra, al que denominó “El Arte de la Guerra”.  En él, describe tácticas militares y recomendaciones para obtener la victoria, no sólo en la batalla, sino en una contienda a largo plazo.  A principios del siglo XIX, muchos economistas vieron en Sun Tzu a un gurú de los negocios, ya que las tácticas militares que describe también son aplicables al mundo económico y comercial y, por extensión, a la mayor parte de los aspectos de la vida.

sun tzu

Robert Grant, en su libro “Dirección Estratégica”, aplica las enseñanzas de Sun Tzu a la dirección de empresas.  Sobre todo le da importancia a lo que viene a llamarse “Los 4 factores del éxito”.  Conviene, no sólo conocerlos para el ámbito empresairal, sino tenerlos en cuenta en nuestra vida cotidiana.  Vamos a describirlos uno por uno, acompañándolos del ejemplo práctico de una empresa de venta de electrodomésticos:

  • Conocer al enemigo. Parece obvio, pero es uno de los más importantes.  Es fundamental observar a los competidores, destacando fortalezas y encontrando puntos débiles para atacar donde más duele.  Aplicándolo a nuestra tienda de electrodomésticos, tendríamos que estudiar a la competencia, sus ofertas, métodos de trabajo, campañas publicitarias, nichos libres… para preparar nuestras actuaciones.
  • Conocer las limitaciones propias. Hay que saber hasta dónde puede uno llegar, en qué puntos está nuestro máximo rendimiento y qué cosas no podremos hacer por nosotros mismos.  En nuestra tienda habría que hacer lo mismo y tratar de minimizar las debilidades mediante reclutamiento, contratación de servicios de apoyo, formación o benchmarking.
  • Conocer el entorno. Entender el terreno de juego es algo que nunca puede faltar.  Las reglas de cómo se mueve el cotarro deben estar grabadas a fuego en el despacho de dirección.  Muchos de los fracasos vienen por la ignorancia o el desconocimiento de algún factor oculto, o por haber pasado por alto algo importante.  Los directivos deben conocer la normativa, aspectos legales, aprovechar la experiencia de otros y tener en cuenta normas no escritas y acuerdos tácitos.
  • Marcarse objetivos realizables a corto plazo. Esto es fundamental.  Sin un objetivo seremos como un barco sin timón en medio de una tormenta.  Y tampoco sirve plantearse metas inalcanzables, dudosas o vagas: “aumentar las ventas” no es un buen objetivo, mientras que “obtener un volumen de ventas de cien mil euros en dos meses” es mucho más alcanzable.  Muchas empresas caen porque se marcan objetivos que luego no son capaces de cumplir, o porque sus directivos vagan sin rumbo fijo.

Los más avezados ya se habrán dado cuenta de que tres de los cuatro factores del éxito están en el conocimiento.  La información es poder.  Sin ella nuestra empresa estará perdida, acabará irremediablemente en el más estrepitoso de los fracasos.

La verdad nos hará libres.


De todos es conocida la eterna lucha de clases entre la izquierda y la derecha, los conservadores y los progresistas, los republicanos y los demócratas.  Muchos nos posicionamos en lado u otro, por lo que decimos, lo que hacemos o nuestra manera de pensar.  Pero… ¿estamos diciendo la verdad al afirmar que somos de derechas o de izquierdas?  Vamos a aclarar conceptos, seguro que más de uno cambiará radicalmente su manera de ver la sociedad y el gobierno:

lvsr

Los partidos.

A la izquierda, los partidos históricos son el comunista, el socialista y el demócrata, son liberales y progresistas y sus programas incluyen tendencias hacia el progreso y la igualdad con elevadas dosis de idealismo.  Por el contrario, el lado derecho es conservador y tradicional, sus partidos históricos son  el republicano, el conservador y el nacionalista, promueven la conservación de los valores tradicionales, la equidad y la supervivencia de los más adaptados al medio.

Los gobiernos.

El comercio justo, el apoyo a los trabajadores, la libertad personal y un enfoque social son las principales características de los gobiernos de izquierdas.  También buscan controlar la vida pública del país y la sociedad, regular la economía y cobrar elevados impuestos a las industrias y comercios.  Por otro lado, la derecha se centra en lo individual a través de la libertad económica, que se consigue defendiendo a los empresarios para un comercio libre.  La economía de derechas no está controlada por el gobierno, que tampoco carga de altos impuestos a los comerciantes e industriales ni busca interferir en modo alguno con la sociedad.

Sociedad y cultura.

Los progresistas son muy éticos, creen que el mundo puede ser mejorado, evolucionando multiculturalmente con políticas de inclusión social.  En cambio los conservadores piensan que el mundo está bien como está y basan su pensamiento en la moralidad.  Utilizan políticas de exclusión social, nacionalistas y conservadoras.

La familia.

Los padres de izquierdas crían a sus hijos construyendo una relación basada en el respeto y la confianza.  El niño debe aprender a ser responsable, aprender a preguntar y abrirse a sus compañeros a través de la empatía.  En estos hogares se respira una atmósfera de protección y comunicación.  En la otra parte, las familias de derechas son más duras, construyen la relación con sus hijos mediante el miedo y el respeto.  El hijo tiene que ser moralista y disciplinado y debe educarse para tener éxito y competir individualmente.  El ambiente familiar es de castigo y recompensa.

La vida profesional.

Los profesionales progresistas suelen ejercer la profesión libre como profesores, arquitectos, médicos, ingenieros… normalmente en un medio urbano, buscando la realización personal.  Sin embargo, los profesionales conservadores se desarrollan como militares, policías, jueces, vendedores y similares en medios más bien rurales.

Posicionamientos.

Aquellos que tienden más a la izquierda consideran la religión como algo carismático no organizado, para ellos los derechos son para observarlos, los delincuentes han sido forzados socialmente a delinquir y los pobres son víctimas del sistema.  Para los de derechas, la religión es ministerial y organizada, los demás no deben interferir en nuestros derechos, los delincuentes eligen serlo y los pobres son unos flojos sinvergüenzas.

Igualdad contra libertad.

Progresistas: la igualdad es un terreno de juego nivelado para todos y la libertad trae abusos y diferencias sociales.  Conservadores: la igualdad es la oportunidad y la libertad es la posibilidad de tener éxito o equivocarse por uno mismo.

Valores.

Para los de izquierdas son la bondad, ayuda a los demás, modelos de comportamiento progresista, diplomacia, diálogo y pacifismo.  Para los de derechas son la participación, el orden impuesto, ayudar a los que se lo merecen, modelos de comportamiento más agresivo y la oportunidad.

Palomas contra halcones.

¿De qué color son tus alas?

Referencias:

http://www.informationisbeautiful.net/visualizations/left-vs-right-world/


A todos nos gusta sentarnos en nuestro mullido sofá a ver un interesante y disputado partido de fútbol, sobre todo si juega nuestro equipo favorito y nos acompañan unos amigos que han traído unas cervezas.  Lo que nunca nos hemos parado a pensar es cuánto nos cuesta esa agradable tarde (en términos monetarios, me refiero, las discusiones con la pareja no entran en la cuenta).  Desgranemos uno por uno los gastos que acarrea ver el partido en casa:

Fútbol tele

Energía eléctrica.

La energía eléctrica cuesta unos 7 céntimos de euro por kilowatio hora.  Si la televisión estará encendida unas 2 horas y tiene una potencia de 300 watios (los nuevos LCD), el coste de funcionamiento es de 4,2 céntimos.  Además, si hace frío encenderemos el radiador (o el aparato de aire acondicionado), no queremos que nuestros amigos estén a disgusto.  Nuestro radiador es de 1000 watios y estará encendido el mismo tiempo que el televisor más la tertulia posterior, lo que hacen 21 céntimos.  Las luces también están encendidas, unos 100 watios por decir algo, que son 2 céntimos.  El total por energía es de 27.2 céntimos.

Amortizaciones.

También hay que contar con el coste unitario de cada hora de “funcionamiento” de los enseres que utilizamos.  El televisor, por ejemplo, tiene aproximadamente 60000 horas de funcionamiento.  Si nos ha costado 1000€, el partido sale por 3 céntimos.  No voy a contar el desgaste del sofá porque me parece excesivo, pero sí que voy a tener en cuenta la posibilidad de que algún despistado lo queme con un cigarro, pongamos el 0,01%.  Si el sofá costó 800€, el coste medio es de 8 céntimos.  En total: 11 céntimos.

Cachondeo.

Esto es opcional, pero… ¿Quién no ha llamado alguna vez a un amigo seguidor del equipo contrario si el que ha resultado vencedor ha sido el nuestro?  La llamada, si es a un móvil, puede salir por 30 céntimos, con suerte.  Las cervezas las traen los amigos pero las patatas fritas y los aperitivos las pone uno, así que como mínimo es 1€ más, tirando muy bajo.  Si además invitas a tabaco el presupuesto se dispara hasta un total de 4,30€ por el cachondeo.

La casa por la ventana.

Eso no es todo.  El partido puede ser de pago por visión (12€), podemos invitar a cubatas (15€) o a pizzas (30€).  Además podemos tener en cuenta el salario de la señora de la limpieza del día siguiente, que serán otros 20€.  El total es una locura, no se si sumar o dejarlo para vosotros…

Así que los gastos van desde unos paupérrimos 38 céntimos de euro hasta la friolera de casi 120€.  Casi, casi, sale más barato irse a ver el partido al bar de la esquina y ¡puede que sea más divertido!

La verdad nos hará libres.


Dulce, sabroso, irresistible… en onzas, obleas, tabletas, bombones… un sinfín de formas, tamaños y variedades para que puedas deleitarte con su exquisito sabor.  Ya lo dijeron los Reyes Católicos cuando Colón trajo el cacao de las Américas:  “no he probado nada tan bueno en mi vida”.  Y eso que eran reyes.  Ahora el chocolate está al alcance de todo el mundo, por todas partes se pueden adquirir chocolatinas para deleitarnos con su inconfundible sabor.

chocolate

¿Alguna vez habéis visto el árbol del cacao?  El árbol, como tal, no tiene nada de especial, salvo que sólo crece en una estrecha franja alrededor del ecuador terrestre, por sus condiciones ambientales.  Antes se cultivaba en América y ahora la mayor parte de la cosecha mundial procede de África.  Las plantaciones de cacao más importantes se encuentran en Ghana y en Costa de Marfil, dos de los países más pobres del mundo pero que, gracias al chocolate, están consiguiendo cierta mejoría.  Aunque claro, las mafias también ponen de su parte para levantar el país.  Hombres armados cruzan la frontera con el país vecino (Burkina Faso) y secuestran cada año a miles de niños que son separados de sus madres y llevados a trabajar en las plantaciones de cacao.

A estos niños se les entrega un machete y se les obliga a recolectar las vainas de cacao durante interminables jornadas de doce horas,  o se les insta a que fumiguen las plantaciones sin ningún tipo de protección.  ¿Dejarías que tu hijo jugara con pesticidas?  ¿Permitirías que llevara un machete?  Posteriormente tiene que abrir las vainas, extraer las semillas de cacao y ponerlas a secar al sol, para luego llenar grandes sacos que son vendidos a los exportadores.  A pesar de que el precio que se paga por las semillas no es bajo, de ese dinero los niños no ven nada en absoluto.

Son los esclavos del siglo XXI, en el sentido más estricto de la palabra.  Apartados de la escuela, separados de sus familias, obligados a trabajar durante horas en condiciones que nadie querría para si, con herramientas peligrosas, productos tóxicos… ¿se puede pedir más?  A veces estos niños son explotados por sus propios familiares, lo cual es más deplorable si cabe.  Las multinacionales chocolateras lo saben y durante años nadie dijo nada hasta que en 2001 se vieron forzadas a firmar un acuerdo a favor del comercio justo, pero a día de hoy el acuerdo sigue sin cumplirse en su totalidad.

Por suerte, el periodista holandés Tony van der Keuken lo denunció en un interesantísimo reportaje en el que se hacía pasar por comerciante de cacao para visitar las plantaciones y grabar las condiciones de esclavitud en las que trabajan los niños que, para más “inri”, nunca se habían comido una chocolatina.  Os dejo el enlace a la presentación del reportaje que, aunque en inglés, es bastante esclarecedor.

La verdad nos hará libres.


En un post anterior comenté algo sobre el dinero, que está basado en la deuda.  Me gustaría retomar el asunto, dada la gran importancia de este tema.  Al contrario de lo que la mayor parte de la gente cree, el dinero no es el reflejo de la riqueza del país, sino que se crea por los bancos en el momento en el que alguien pide un préstamo.  Por ejemplo, si necesitas comprar una casa y pides al banco doscientos mil euros, en ese momento el banco los imprime para ti.  Je, la máquina del dinero existe.  Ese dinero que te han dado no tiene sustento físico, sólo se apoya en tu promesa de que lo vas a devolver en el futuro.  Por eso se habla tanto de la restauración de la “confianza” para salir de la crisis.  Si no confiamos en que los préstamos van a ser devueltos, el dinero no vale nada.

dinero

Pero vamos un poco más lejos.  El banco imprime tus billetes, pero no imprime los intereses que tendrás que pagar por ellos, lo que significa que el dinero que pagarás como interés no está en circulación, así que tendrás que cogerlo del préstamo de otra persona.  O sea, si el tipo del interés está al 1.5%, como es ahora, habrá un 1.5% de los préstamos que no podrán pagarse por la sencilla razón de que no hay suficiente dinero en circulación para pagarlos.  Aunque quisieran, no podrían.  Ahí radica el truco: para pagar esos préstamos hay que adquirir nuevas deudas que pongan más dinero en circulación.  La economía debe crecer más del 1.5% para que los préstamos puedan ser pagados y se pueda mantener todo el tinglado en funcionamiento.

Si la economía no crece (como ahora), los préstamos no se pagan.  Pero el banco exige sus avales, así que los perjudicados siempre somos los ciudadanos de a pié.  El banco siempre gana, se queda con nuestro dinero o con nuestras posesiones.  Siempre será así, ya que la única forma de obtener dinero es pedirlo prestado al banco.  Incluso el dinero que cobras en tu nómina procede de un préstamo que alguien ha pedido al banco, seguramente tu empresa.

La economía debe crecer eternamente para mantener el sistema monetario internacional.  Y siempre debe crecer por encima del tipo del interés, para que los préstamos puedan ser pagados.  Si la economía no crece, todo se hunde.  Pero claro, nada puede crecer indefinidamente en un mundo en el que los recursos son limitados.  No puede haber cada vez más supermercados, llegará un momento en el que el exceso de oferta haga inviables los negocios.  No puede haber infinitos coches, ya que no hay infinita gasolina para quemar.  No se puede tejer ropa eternamente, porque no hay tantas ovejas para esquilar… los recursos son limitados, pero la economía debe crecer ilimitadamente.  Algo raro pasa ahí, ¿no? El colapso del sistema es inevitable y el dinero cada vez vale menos.

Los colapsos pueden ser de varios tipos: una guerra mundial, una revolución a nivel local, un traumático cambio de moneda o un crack como el que sufrió Norteamérica a principios del siglo pasado.  Son colapsos que acaban desangrando al pueblo, las guerras y revoluciones las sufre la masa ciudadana.  El cambio de moneda (por ejemplo, al euro) no benefició a los consumidores, recordemos que lo que antes valía 100 pesetas pasó a costar 1 euro (un aumento del 66% en un año).  Los precios subieron, beneficiando a los poseedores de los medios de producción.

Pero mi nómina no aumentó un 66%.  ¿Y la tuya?

La verdad nos hará libres.


Todos sabemos que la Edad Media terminó hace más de quinientos años.  Los conflictos ya no se libran en el campo de batalla, donde antaño hombres de palabra medían la destreza de su brazo frente a un enemigo que, pese a ser el antagonista, merecía ser tratado con honor.  Pero el honor ya no existe y la palabra, tampoco.  La época del oscurantismo terminó y ya no es tan fácil invadir al vecino por la fuerza, alegar que “ellos” tienen tierras que “nosotros” necesitamos ha dejado de ser excusa suficiente para mover al pueblo a alzarse en armas contra sus primos de más allá de las montañas.  Sin embargo, han surgido dos nuevas formas de acaparar los recursos de los demás: la invasión económica y la invasión cultural.

La invasión económica es un hecho practicado por los Estados Unidos en nuestros días, además de ser bien sencilla.  Para empezar, buscamos un país en vías de desarrollo con abundancia de recursos naturales, al que ofrecemos un préstamo de capital a través del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial (entidades controladas por los Estados Unidos).  Sin embargo, estos recursos económicos no van destinados al desarrollo social del país, sino a la construcción de infraestructuras de las que sólo salen beneficiados los poderosos.  Nada de hospitales, universidades o ayudas a pymes, se harán aeropuertos, autopistas, puertos marítimos… ¿para qué quiere el pueblo un aeropuerto si no puede pagar un pasaje?  El siguiente paso es exigir el pago de la deuda que, obviamente, el país en vías de desarrollo no puede pagar porque su estructura social no ha mejorado.  Es ahora cuando viene la trampa: se le ofrece al país la condonación de su deuda A CAMBIO de que vendan sus recursos naturales a bajo coste, tal vez regalando sus pozos de petróleo, cediendo la explotación de sus minas o permitiendo la construcción de bases militares norteamericanas.  El pueblo es, como siempre, el perjudicado y el oprimido.  Podéis verlo en este video:

La invasión cultural también se produce, aunque a otras escalas.  A través del cine y la televisión se nos vende el estilo de vida americano como el paradigma de la felicidad.  Ser feliz es CONSUMIR, siempre posesiones materiales que habrá que pagar a precio de oro.  Conducir cierto coche, vivir en un chalet con piscina o beber tal o cual refresco.  Si no lo haces, eres un cutre.  También nos inculcan el odio a sus enemigos: los árabes son unos terroristas, los sudamericanos unos narcos y los comunistas son poco menos que el demonio.  Así, somos como los americanos, comemos hamburguesas, bebemos cocacola, celebramos halloween, flipamos con Hollywood y nos colgamos con Windows.  Consumimos SUS productos para tener SU estilo de vida.

Señores, si yo me siento invadido, imaginaos como debe sentirse un muchacho de Panamá.

Agradecimientos a Javi por mostrarme esta realidad.

La verdad nos hará libres.

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