¡Que buen trabajo! ¡Jefe de profesión! Algunas personas han nacido para ello, sin duda alguna han sido bendecidos con los santos óleos de la jefatura.  Desde pequeñitos se les veía venir, y es que apuntaban maneras ya en la más tierna infancia.  Son una especie aparte, de los que van quedando menos, pero que nunca llegará a extinguirse.  El típico “jefe español”, que ha llegado a donde está por ser primo segundo del vecino del director, que no sabe más que las cuatro reglas y para el cual escribir una simple instancia es poco menos que un crucigrama.  A todos ellos les dedico este romance… el “Romance del Jefe Español“:

 

Para llegar a ser jefe
no te tienes que olvidar:
de hacerte muchos amigos
y no tener dignidad.
Aprende a jugar al fútbol,
pero no cualquier manera,
practica el fuera de juego
y tira balones fuera.
“¡Yo no he sido el que lo ha hecho!”,
apréndelo de memoria.
Critica a tus compañeros,
no te mezcles con la escoria.
Y vende siempre a tu gente
para obtener beneficio,
nunca pienses en el precio,
que no es tuyo el sacrificio.
Y si hay uno que destaca
entre tus subordinados,
átalo fuerte a una estaca,
tenlo siempre controlado,
no vaya a ser que otro jefe
de rango mayor que el tuyo
lo ponga de directivo
y quedes como un capullo.
Trabajar es lo de menos,
la empresa importa un pepino,
tú sólo intenta cobrar
y meter a tu sobrino.
Que en esta vida sin rumbo
de sinsabor y quimera,
desde que el mundo es mundo,
ponen de jefe a cualquiera.

La verdad nos hará libres.

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