Los universos son como seres vivos.  Nacen a partir de un Big Bang o una singularidad (una única célula) y se expanden con rapidez, creciendo en el tiempo y el espacio, tomando forma, dividiéndose en galaxias y, en algunos casos, albergando vida en su interior.  Los universos también mueren.  Ya sea con un Big Crunch (aunque suene a chocolate), una expansión infinita o rendidos ante el caos que trae la pérdida total de energía.

Comparación entre estructuras del universo y de la vida

El átomo y el sistema solar, la molécula y la galaxia, la célula y el clúster... ¿No es el universo como un ser vivo?

Nuestro sistema solar es totalmente comparable a un átomo.  En torno a un núcleo (el sol) orbitan un número determinado de electrones, que son los planetas.  Los sistemas solares se agrupan en galaxias, al igual que los átomos se unen entre si para formar moléculas.  Pero ahí no acaba la cosa, sino que las galaxias también forman grupos, llamados clústers, de la misma manera que las moléculas forman células.  Asimismo, los clústers se unen en superclústers, las células se agrupan para dar lugar a los tejidos.  Y los superclústers se juntan en filamentos, como los tejidos forman órganos.  El universo está formado por dos tipos de estructuras: los filamentos y el vacío, de la misma manera que todos los órganos forman un ser vivo, que también está mayoritariamente vacío por dentro (aunque hay unos más vacíos que otros).

Si pudiéramos crecer indefinidamente seríamos capaces de darnos cuenta de las estructuras que forman el universo.  Primero veríamos el sistema solar, similar a un átomo.  Si siguiéramos creciendo podríamos ver como van apareciendo moléculas, células, tejidos y órganos.  Si creciéramos tanto que pudiéramos tener al universo en nuestras manos, tal vez nos sorprendería lo que viéramos… ¿Será un ser vivo, como un ratón? ¿Será inteligente?  Ese ser hipotético será TODO lo que existe y estará formado por TODO lo que conocemos, lo que ignoramos, lo visible y lo invisible, toda la verdad, toda la vida, estará por encima de todas las cosas… por encima de la vida y la muerte.

Igualmente, nosotros mismos estamos formados por células y moléculas, que serán a su vez los clústers y las galaxias que forman el universo de  nuestro cuerpo.  En un diminuto electrón, que pertenece a un pequeño átomo de hidrógeno, de una minúscula molécula del agua que bebimos esta mañana, hay un microser apaciblemente sentado en su infinitesimal mundo.  Tal vez ese microser sea inteligente, quizá tenga la capacidad de preguntarse a sí mismo por la naturaleza del electrón sobre el que vive, del átomo de hidrógeno, de la molécula de agua, de la galaxia a la que pertenece, del universo que lo alberga y sobre la posibilidad de que el universo sea como un ser vivo.  Tal vez el microser rece a su microdios, quizá eleve sus plegarias para que sean escuchadas por una conciencia superior, de la que él mismo forma parte y que contiene todo lo que le rodea.

¿Habéis escuchado alguna vez las plegarias de vuestros microfieles?  Yo sí, pero no doy abasto para acabar con toda la injusticia que hay en mi universo.

La verdad nos hará libres.

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