Seguro que más de uno conocéis la historia narrada en “La fuga de Logan” (Michael Anderson, 1976), pero por si acaso os ofrezco una pequeña reseña a continuación.  La humanidad ha sufrido una catástrofe y los supervivientes se refugian en  una cúpula aislada del mundo exterior, donde todo está controlado por ordenadores.  Las personas se dedican exclusivamente al esparcimiento y la diversión, ya que son los ordenadores los que se ocupan de todo el trabajo.  A cambio, la vida de los humanos está limitada a treinta años al final de los cuales se someten a una ceremonia en la que se suicidan de forma voluntaria con la promesa de que si han cumplido las leyes se reencarnarán en un clon que los sustituye.

La fuga de Logan

La fuga de Logan, saliendo del redil.

No todos están de acuerdo con esta política, así que un grupo de rebeldes intenta escapar al mundo exterior mientras Logan, un policía de los ordenadores, trata de impedirlo infiltrándose entre los revoltosos.  Pero la idea de escapar toma forma en la mente de Logan hasta que finalmente lo hace, acompañado de una joven llamada Jessica.

Cada vez que recuerdo la historia de Logan encuentro más similitudes con la vida real:

  • El mundo está controlado por un grupo de iluminados, que poseen los medios de producción y ocultan la verdad a los demás.
  • La gran masa cree que lo único que tiene que hacer es pasarlo lo mejor que pueda mientras se dirige sin remedio a un trágico final.
  • Algunos creen que otra vida es posible, más allá del control de los que tienen el poder.  Éstos son pocos y se les considera rebeldes.
  • La policía, que también está controlada por lo poderosos, debe mantener a los rebeldes dentro del redil.

Los humanos del mundo de Logan viven felices, sí, pero sólo hasta los treinta años.  Viven una vida incompleta, carente de todo sentido, controlada en todos los aspectos por aquellos que se creen superiores.  Igual que nosotros.  Creemos que somos libres, pero en realidad no somos más que unos meros esclavos.  Creemos que somos felices, cuando la verdad es que sólo participamos de las migajas que nos dejan caer los de arriba.  Creemos que vivimos una vida plena, pero lo único que tenemos es una parte de la vida, la parte que ellos no quieren.

Nacemos, vivimos y morimos dentro del engaño de que todo va bien. Estudiamos lo que a ellos les interesa para que trabajemos en lo que a ellos les conviene, luego nos obligan a pagar lo que ellos dicen por las casas en las que vivimos para después dejarnos en el paro y poder así quedarse con todo el fruto de nuestro trabajo.

Sal del redil.

Rebélate.

La verdad nos hará libres.

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