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En la noche de los tiempos, los hombres vivían en unión con la naturaleza.  Cazaban y recolectaban, desconocían la ciencia, sus vidas eran cortas y duras.  Pero eran libres, recogían el fruto de su propio trabajo y no dependían de nada ni nadie más que de ellos mismos.  Eventualmente, aprendieron la ganadería y la agricultura, aunque nunca dejaron de lado sus antiguas costumbres de la caza y la recolección.  En una ocasión, la mayor parte de los hombres de una tribu salieron en una partida de caza mientras que un pequeño grupo quedó al cuidado del rebaño de ovejas que recién habían aprendido a criar.

 

Se armaron con palos y con piedras, adueñándose del rebaño

Se armaron con palos y con piedras, adueñándose del rebaño

Los cuidadores del rebaño fueron escogidos entre los demás a causa de sus escasas cualidades para la caza (en realidad, para cualquier otra actividad física).  Vigilar las ovejas no representaba realmente un gran trabajo, así que tenían mucho tiempo libre para pensar.  Lo primero que se les ocurrió fue que el trabajo que les había tocado representaba un gran chollo, pero el chollo se acabaría en cuanto regresara la partida de caza.  Así que idearon una forma de prolongar esa situación de manera indefinida: se armaron con palos y con piedras, adueñándose del rebaño.  Se hicieron dueños de los medios de producción.

Cuando a los pocos días la partida de caza regresó portando las piezas, se encontró con que aquellos a quienes habían dejado a cargo del rebaño (los menos capaces de valerse por sí mismos) habían cambiado las reglas del juego.  Ahora ese pequeño grupo exigía una serie de condiciones al resto de la tribu:

  1. Para acceder a la leche, la lana y el estiércol del rebaño (comida, vestido y combustible) los demás debían proporcionarles toda la comida que ellos precisaban, tejerles vestidos y construir casas para ellos.
  2. La caza quedó prohibida, so pena de ser privados de los productos del rebaño.  Así obligaron a la tribu a depender exclusivamente del rebaño para su supervivencia.
  3. Los hombres de la tribu estaban obligados a cuidar de las ovejas, aunque ya no eran de su propiedad.  En caso contrario se exponían a ser apedreados por la pequeña élite armada.

Al principio, la tribu pensó en rebelarse pero los que portaban los palos mataron a uno de ellos y atajaron la rebelión antes de que ésta llegara a producirse.  Así que los demás comenzaron a seguir las normas que les habían impuesto, más por miedo que por otra cosa.  Con el tiempo, ese modo de vida se convirtió en costumbre y con el paso de las generaciones, los hijos de los hijos olvidaron que una vez el rebaño había pertenecido a TODA la tribu, no solamente a unos pocos.

Aún hoy, los medios de producción están en manos de unos pocos.  La gran masa se ve obligada a trabajar para tener acceso a los productos que les ofrece la élite, ya que prácticamente no existe otro modo de ganarse la vida.  La élite no trabaja, simplemente es dueña del rebaño porque lo heredó de sus antepasados.  Y todos los demás trabajamos para ellos, mantenemos y alimentamos su rebaño a cambio de las migajas del fruto de nuestro trabajo.

REBELIÓN YA !!!!!

La verdad nos hará libres.

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