Hace unos días recibí la nómina en un sobre cerrado y la guardé en el bolsillo de la camisa.  Este hecho en si no tendría nada de particular excepto por dos razones de peso: tengo la suerte de contar con un empleo estable y por primera vez, me fijé en unos numeritos pequeñitos que aparecen en la parte de “deducciones”.  Centrándonos en la segunda de las razones (la primera daría para escribir todo un blog), al salir del trabajo y subir al coche recordé el sobre cerrado y lo abrí.  Al darme cuenta de la existencia de esos números “deductivos” mi formación técnica me llevó invariablemente a sumarlos.  Mal.  Muy mal.  La suma de todas las “deducciones” de mi salario sobrepasaba en algunas décimas el 33% del mismo.

Bala conmigo... beeeeee!

Tú y yo estamos juntos en el redil

Me llevé las manos a la cabeza de forma instintiva, dejando caer el papel impreso al frío y húmedo suelo, pues me encontraba en el aparcamiento.  La mayor parte se correspondía con el impuesto sobre la renta, ese dinero que hay que entregar a cuenta simplemente porque has recibido un pago por tu trabajo.  Otra parte se lo llevaban las cotizaciones a la seguridad social.  Y otra un plan de pensiones “de empresa”, pero que es obligatorio.  Total, que la mayor parte se la llevaba papá estado con sus impuestos.

Instintivamente, mientras conducía a casa, repasé los gastos más importantes a los que debía hacer frente en este mes.  Por descontado el segundo gasto más importante (después de los impuestos) se trataba de la hipoteca.  Otro 30%.  Mal no, peor.  Para disfrutar de un derecho fundamental recogido en la constitución tengo que renunciar a un tercio de mi salario.  Pero aún hay más, pues las facturas (agua, luz, teléfono, comunidad) se llevaban un 15% adicional.  Y estamos hablando de servicios de los que no se puede prescindir, obligatoriamente debo contar con esos servicios para llevar una vida digna.

Recapitulemos:

  • 4 meses al año trabajo para el estado, el equivalente a un 33% del salario.
  • Otros 4 meses trabajo para el banco, el 30% que se lleva la hipoteca.
  • Otro mes trabajo para mantener mi propia dignidad.  Tiene guasa que haya que trabajar para eso.

La cosa es realmente fuerte.  Sólo 3 meses al año trabajo para mi.  TRES MESES, de un total de DOCE.  Soy un esclavo, un borrego, un animal de granja.  Estoy dentro (muy dentro) del redil y no puedo escapar de él.  Con mi sangre mantengo el sistema.  Me gustaría decir que contribuyo a construir carreteras, a mantener los hospitales, las escuelas, los museos… pero esto es cierto sólo en parte, ya que una buena tajada de los impuestos son para pagar deudas que el estado tiene con los bancos.  Así que en realidad trabajo para el banco.  El capital es el que me puso el yugo y tiene la llave de mis cadenas.

Espero que tú seas diferente, aunque mucho me temo que estás junto a mí en el centro del redil.

Bala conmigo, borrego… beeeeeeeee!

La verdad nos hará libres.

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