A raíz del accidente de la central nuclear de Fukushima se habla mucho del gran peligro que entrañan estos centros de producción de energía, algunos proponen desmantelarlas por completo y sustituirlas por instalaciones de generación convencionales.  Pero las térmicas de carbón tampoco convencen, ya sea por la intervención del gobierno en el carbón nacional o por sus elevadas emisiones contaminantes.  ¿Qué nos queda? Los defensores de las nuevas tecnologías promueven los ciclos combinados, con sus elevados rendimientos, como la solución a la demanda energética aunque cierto es que la dependencia de países productores de gas políticamente inestable es muy notable.  Por último tenemos las energías renovables, tan caras como intermitentes, que sólo sirven para cubrir picos de demanda.

Un activista dijo: “!Que apaguen todas las centrales nucleares!”, y muchos le siguieron. Pero… ¿somos realmente conscientes de lo que ocurriría si no tuviésemos suficiente electricidad para mantener nuestro modo de vida?  Imaginemos que pagamos las centrales nucleares de España (creo que quedan sólo 5 ó 6).  El resto de centrales entraría en funcionamiento a las pocas horas pero se comprometería la estabilidad del servicio.  De paso, apaguemos también las de carbón (emiten mucho CO2) y unas cuantas de ciclo combinado, para dar la lata a los magrebíes.  Nos quedamos con las hidráulicas y las renovables, ¿ok?  Ahí empieza lo bueno…

Semáforo apagado traffic lights off

Los semáforos están apagados y el caos circulatorio es total

Cualquier día podrías despertar y llevarte unas cuantas sorpresas.  A las siete de la mañana la demanda supera a la oferta y no hay energía para todos.  Y… ¡qué mala suerte, han desconectado mi ciudad!  De momento llegaré tarde al trabajo, mi despertador es eléctrico y no ha sonado.  Tampoco puedo afeitarme, no hay luz en el baño y no veo un pimiento.  Me lavaré la cara, por lo menos, pero con agua fría ya que mi termo es eléctrico.  La nevera ha dejado de funcionar y el brick de leche que abrí ayer se ha cortado, así que abro uno nuevo y caliento un poco en un infiernillo de gas que rescato del trastero y que guardaba para los campings.  Debo bajar al garaje por las escaleras, a oscuras, ya que ni la luz del pasillo ni el ascensor funcionan.  Tampoco se abre la puerta de la cochera, usa un motor eléctrico, así que tengo que abrirla a mano con gran esfuerzo.

Por suerte mi coche funciona con gasolina (el de mi vecino es eléctrico, que se  joda, por moderno) y puedo seguir adelante sin acumular mucho retraso, pero los semáforos están todos apagados y el caos por el camino es total.  Aparcar se convierte en una aventura, los parkímetros no funcionan y seguramente me caerá una multa por no pagar el estacionamiento.  En la oficina lo único que se puede hacer es hablar por teléfono (tiene alimentación independiente) y escribir a boli, ya que los ordenadores están KO.  Ni siquiera podemos tomar café, la cafetera también es eléctrica.

Vuelvo a casa abatido por el día tan poco fructífero que estoy viviendo, con una multa de aparcamiento en el bolsillo (los locales han aprovechado la coyuntura para hacer caja), levanto la puerta de la cochera a mano y subo la escalera.  Como no había electricidad, el sistema de alarma de casa no funcionaba y unos cacos se han llevado el televisor, aunque no importa mucho, de todas formas no podría verlo.  Tampoco podría jugar a la video consola, ni conectarme a internet, ni recargar el teléfono móvil… sólo puedo ducharme con agua fría, leer un rato junto a la ventana mientras sea de día y preparar algo de cena con el infiernillo trasteril.

Revuelvo las posesiones de mi abuelo hasta que encuentro un despertador de cuerda.  Por lo menos mañana llegaré pronto al trabajo…

La verdad nos hará libres.

Anuncios