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Desde hace algunos meses circula por los foros de internet, las redes sociales y los blogs una peculiar iniciativa: convocar una manifestación para el día 15 de Mayo, en contra de… ¿En contra de qué? Que nos lo expliquen ellos mismos a través de su manifiesto:

Convocatoria del 15M

Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo.

Muchos dijeron que la iniciativa del 15M no iba a llegar a ninguna parte, que éstos no eran más que un grupúsculo de jóvenes exaltados en busca de protagonismo, o simplemente con ganas de “liarla parda”.  Pero la conciencia ciudadana, invariablemente, siguió su curso natural.  Poco a poco les fueron apoyando otros movimientos sociales (como el “estado del malestar” y la plataforma “no les votes“), se organizaron en grupos por ciudades, crearon eventos, pegaron carteles… hasta que por fin llegó el gran día, la hora H del día D (ejem, las seis de la tarde del día 15).

Se desplegaron las pancartas

Se desplegaron las pancartas

Tímidamente al principio, todos aquellos que decidieron secundar la convocatoria se fueron reuniendo en los puntos de encuentro.  La primera impresión no fue muy positiva, poca gente, mucha presencia policial y algunas fuerzas políticas minoritarias que habían aprovechado el desencanto general para hacer campaña (no citaré cuáles para no darles mayor bombo).  Pero a medida que fueron pasando los minutos la cosa empezó a animarse.  Más y más gente fue apareciendo, se desplegaron las pancartas, se repartieron los carteles, se leyeron los manifiestos… Por supuesto, la prensa no tenía la más mínima intención de perderse un detalle y tomaba fotografías a diestro y siniestro, acercando la oreja a los corrillos para tratar de “captar” conversaciones que quedaban registradas en sus blocs.

Manifestantes en Algeciras

Manifestantes en Algeciras

Luego empezó la marcha.  Escoltados por la policía (no podía ser de otra forma), los manifestantes recorrieron las calles de más de 60 ciudades españolas.  Desde las plazas más céntricas hasta las subdelegaciones del gobierno o los palacios de justicia.  Mucho ruido.  Mucha protesta.  Muchas voces alzadas.  Poca violencia (excepto casos aislados, como el de Madrid).  Ya está bien de tanto abuso, los mercados financieros no hacen más que ordeñar y sangrar al pueblo, pero el pueblo ya se ha cansado y ha iniciado su revolución.  A grito alzado se ponían Islandia y su revolución pacífica como ejemplo.  Palmas, pitos, cacerolas.  Y la mirada atenta de la policía, los guardianes del poder.  Se hicieron paradas en puntos emblemáticos (centrales sindicales, sucursales bancarias…) donde cada cual se llevó su repaso y su tanda de pitos.  Hasta que el “puñado de exaltados” (según los más derrotistas) llegó a su punto de destino.

Sentada en los juzgados

Nuevos manifiestos al final del trayecto

Los Juzgados.  La subdelegación del gobierno.  La sede de tal o cual banco.  Da igual.  Todos representan lo mismo: el poder del dinero.  Y allí, más protestas, nuevas voces, nuevos manifiestos, más datos indignantes coreados a los cuatro vientos.  Como epílogo queda una próxima convocatoria para emprender más acciones, más jornadas de protesta y más movilizaciones, como las acampadas que se están llevando a cabo en Sol (Madrid) y en otras capitales españolas.  La prensa, como siempre, se toma la libertad de decir lo que le conviene a los poderosos.  Han tachado la iniciativa de “extrema izquierda” (nada más lejos de la realidad).  También ha habido repercusión  mediática en el Washington Post y en periódicos rusos.

Dirán que eran cuatro gatos, que es una mera ilusión, que sólo eran tres exaltados… yo estuve allí, y fue muy real.

La verdad nos hará libres.

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