Se habla de él en tertulias televisivas, debates radiofónicos y cafés literarios.  Se cita en las asambleas de los acampados, en comunicados de corte revolucionario y en artículos periodísticos.  Su título, incluso, ha servido para dar un nombre a los manifestantes del 15M, que ahora son los “indignados”.  Nos referimos, claro está, al librito “¡Indignaos!” de Stéphane Hessel, y digo “librito” porque el cuerpo principal apenas alcanza las treinta páginas.

Su autor, nacido en Berlín pero criado en París, participó en la Segunda Guerra Mundial desde la resistencia francesa.  Posteriormente fue diplomático y llegó a tomar parte el equipo redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.  Durante toda su vida ha luchado por varias causas, entre las que destaca el conflicto entre Israel y Palestina.  Después de tanto camino recorrido (Hessel cuenta con noventa y tres años) y tanto nadar en contra de los ríos de la injusticia mundial, no podía menos que lanzar un llamamiento a la movilización ciudadana.

Indignaos

La indiferencia es la peor de las actitudes

Hessel se hace varias preguntas… ¿Cómo es que la juventud actual se muestra indiferente ante las crecientes diferencias entre pobres y ricos?  ¿Por qué no se protesta ante un mundo controlado por el poder del dinero?  La ciudadanía en general y la juventud en particular debe INDIGNARSE contra todo lo que está ocurriendo a nivel global, ya que va en detrimento de la mayoría y en beneficio de un puñado de poderosos.  Por cierto, señala que los “poderosos” son los que se han “apoderado” de lo que es de todos.

La indignación no puede caminar por el sendero de la violencia.  La insurrección, aunque necesaria, debe ser pacífica.  Critica duramente a teóricos como Sartre, que defendían la violencia como único modo de detener los abusos y justificaban actos de terrorismo en pro de la libertad.  La violencia como medio para detener la violencia corre el riesgo de perpetuarla.  Alaba a King, Gandhi y Mandela.  La rebelión no debe contar con un brazo armado, ya que así se hace más fuerte.

Hessel cuenta que en su época era fácil indignarse.  El enemigo estaba claro: un invasor extranjero que imponía su voluntad.  Ahora es mucho más difícil, ¿Dirigimos nuestra indignación contra los políticos, los banqueros o los mercados?  ¿Nos levantamos en contra del Capital o del Neoliberalismo?  Cada uno debe buscar su motivo de indignación.  “Buscad y encontraréis”, arguye, y no le falta razón.  El mundo está lleno de injusticias a las que plantar cara.  La indiferencia es el peor de los caminos, sólo alimenta más injusticias.

Leed el libro.  Es muy cortito y sólo cuesta cinco euros.  La liberación de la mente nunca fue tan barata.

La verdad nos hará libres.

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