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Ya hemos visto previamente en este blog que existen muchas similitudes entre organismos vivos y otros que aparentemente son inertes, pero que disfrutan de unas características que bien podría dotarles de una cierta “vida”.  Las empresas, según su concepción tradicional, también están sujetas a un ciclo de vida: el abuelo la veía nacer y la criaba, el padre la llevaba a su edad adulta y el nieto se la cargaba con sus despilfarros.  Pero esto ya no es así, actualmente la empresa multinacional se ha convertido, más que en un ser vivo, en un monstruo de proporciones escandalosas.

Trabajo wok

¿Estás dispuesto a alimentar a tu empresa?

A estas alturas de la película nadie duda ya del tremendo poder del que disfrutan las grandes corporaciones, con sus beneficios astronómicos, sus inversiones selectivas y sus políticas de compras y fusiones.  A veces alcanzan un poderío superior al de algunos gobiernos, influyen en la economía de varios países de manera simultánea y sus directivos pueden llegar a convertirse en altos cargos de las administraciones públicas a la larga.  Las multinacionales nacen, por supuesto, en muchas ocasiones gracias a la fusión de varias empresas más pequeñas o adoptando configuraciones de holdings o trusts.  Emiten sus acciones para ampliar capital y crecen, crecen cada vez más.

Pero el monstruo también necesita alimentarse, ¿Y cuál es el alimento de la empresa?  ¿Sus productos?  ¿Sus beneficios?  No.  Sus trabajadores.  Seguramente conocerás a alguno, si no a muchos de ellos…  Son esos a los que no les importa realizar grandes sacrificios personales a cambio de pequeños logros dentro de la organización empresarial, los que prolongan sus jornadas hasta el límite de lo imaginable, los que aceptan estoicamente traslados o asumen grandes responsabilidades a cambio de vagas promesas sobre el futuro.  ¿Estás dispuesto a que tu empresa se nutra con tu sangre?

Ya las empresas casi nunca mueren.  Son fagocitadas por otras empresas, desmembradas para ser vendidas por trozos, reestructuradas en diferentes sociedades o asumido su control por el gobierno.  Se han convertido en entes inmortales, trascendiendo a sus creadores mucho más allá de sus cortas vidas, alimentándose de las ambiciones de sus directivos y produciendo, produciendo bienes o servicios cuya necesidad en la sociedad ellas mismas se han encargado de crear.

El super-hombre ha llegado, solo que no es un hombre…

La verdad nos hará libres.

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