Desde hace ya algún tiempo, en los foros y reuniones sobre política y bienestar social ronda una pregunta que nos trae a todos de cabeza.  A pesar de la crisis, a pesar de los cinco millones de parados, a pesar de los abusos de los bancos, de los millones de trabajadores en precario, sin contrato y sin derechos, a pesar de que estudiar sirve de bien poco… ¿Por qué la sociedad española no se levanta contra el gobierno?  ¿Será que no son conscientes de la realidad, que no se han enterado de los escándalos de corrupción, de que las mismas empresas que los exprimen alcanzan beneficios monstruosos?  ¿Será que no leen los periódicos, no ven la televisión y no conocen la situación de su vecino?

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Nada de eso.  La sociedad española (y por extensión, la mundial) es muy consciente de todo ello.  Sabe perfectamente la magnitud de la gran sequía económica a la que nos tienen sometidos.  Entonces… ¿Por qué el pueblo no se levanta? El movimiento 15M por fin parece que está llevando a cabo una campaña de concienciación que, a mi juicio, es preparatoria para acciones futuras, pero de momento es a todas luces insuficiente.  Para contestar a LA PREGUNTA necesitamos antes conocer un poco sobre revoluciones que ocurrieron en el pasado.

La revolución francesa (1789), por ejemplo, la propiciaron diversos factores entre los que destacaban el gran descontento popular, la hambruna que sufría el pueblo y una enorme deuda externa (originada por las guerras) que oprimía a la nación.  Más recientemente, la revolución rusa de 1905 fue desencadenada a raíz de una marcha campesina que pedía mejoras laborales al zar (el Domingo Sangriento) y que acabó siendo brutalmente reprendida por los cosacos.  Hay más ejemplos, como el de la revolución cubana de 1959, donde el pueblo se levantó en armas, instigados por Fidel Castro, en contra del dictador Batista.  Las pésimas condiciones en las que vivían los campesinos cubanos propició la revolución.

Después de tantos casos de revueltas exitosas (todas ellas consiguieron derrocar al gobierno) los poderosos han aprendido que hay ciertos límites que no se pueden cruzar.  Existe una barrera imaginaria que, en caso de traspasarla, llevará al pueblo a levantarse, a alzar sus voces al unísono, a realizar sacrificios personales en favor del bien común.  En definitiva: el pueblo no puede pasar hambre.  Si al pueblo le falta lo más básico, no tendrá nada que perder y se arriesgará a todo, incluso a morir, a cambio de la posibilidad de una vida mejor.  Por eso existen cierto tipo de cosas, como el subsidio del paro, ayudas gubernamentales eternas a los necesitados, los famosos 426€, etc.  No importa cuánto se gaste, siempre será mejor que un levantamiento popular.  Además, de todas formas va a ser el pueblo el que lo pague.  Y con intereses…

Los esfuerzos deben dirigirse a erradicar la pobreza, no a paliarla.  Así nos va.

La verdad nos hará libres.

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