No, no son mis primas de Cuenca, aunque por sus nombres podrían serlo perfectamente.  Estas dos “princesitas” se han colado en la red por la puerta grande, cientos de páginas y bloggers se proclaman sus fervientes seguidores y promueven la adopción de su modo de vida como la panacea para alcanzar el reconocimiento social que tantos adolescentes anhelan.

¿Merece la pena tanto sufrimiento?

¿Merece la pena tanto sufrimiento?

Precisamente fue en una cena (nótese la casual e inapropiada ironía) donde descubrí la existencia de este tipo de páginas.  Las pro-Anas y pro-Mías se declaran defensoras (y defensores) de trastornos alimenticios tan peligrosos como la anorexia o la bulimia.  Parece increíble que existan blogs como este, donde una chica cuenta sin ningún tipo de tapujos como se auto-lesiona cada vez que comete el “pecado” de comer y lo feliz que se siente porque su hermana está más gorda que ella.  Aún más fuerte es el caso de esta chica venezolana, dice haber sufrido cálculos en la vesícula biliar a causa de los trastornos alimentarios, fuertes taquicardias, desmayos, mareos, y aún así dice que “eso le da iwal”, ya que lo que realmente le importa es llegar a ser una delgada “princesita”.  Relata que estuvo a punto de superarlo hasta que un conocido le llamó gorda y le hizo volver a las andadas.

Es, no ya insultante, sino inmoral que se permita la existencia de este tipo de páginas mientras que por otra parte se suprimen videos de youtube simplemente porque violan derechos de autor.  Desgraciadamente, también existen páginas  muy visitadas donde se explica con todo lujo de detalles cómo fabricar diferentes tipos de bombas (incluso bazokas) o cómo abrir cerraduras, mientras que a los que denuncian actos delictivos se les priva de su libertad o se les censura.  Por suerte, la oficina del defensor del menor de la Comunidad de Madrid ha puesto en marcha una iniciativa en contra de los pro-Anas.  Un poco de cordura entre tanta necedad.

Internet no es más que un fiel reflejo de lo que ocurre en el mundo real.  Las conductas autodestructivas se premian y los que luchan por el bien común son castigados.  Siempre ha sido así y la cosa no tiene pinta de cambiar ni a corto ni a medio plazo.  Entradas de blog que defienden la anorexia cuentan con miles de comentarios de apoyo .  Artículos que abogan por el fin de las hostilidades en Libia apenas son visitados y mucho menos, comentados.  ¿A dónde vamos a llegar?  Es evidente el “buen trabajo” que ha hecho la televisión.  Nos muestra las pautas para la felicidad (por ejemplo, ser delgados) y nos expone las guerras como algo lejano y que solo sufren otros.  Nos blanquea el cerebro con lejía de la mala.

Solo queda hacernos una pregunta.  Todo esto… ¿A quién beneficia?

La verdad nos hará libres.

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