Desde que se han convertido en noticia habitual por estas fechas en los principales telediarios del país, el boom experimentado por las comidas o cenas de empresa está alcanzando cotas insospechadas.  Ni la crisis económica, ni el retraso de la edad de jubilación han conseguido frenar las ansias de cachondeo gratuito de todo el personal.  Sí es verdad que en ocasiones esas cenas pueden acabar convirtiéndose en páramos donde se desarrollen las más cruentas de las batallas campales entre jefes e indios, pero las más veces reina la armonía, aunque sólo sea por compartir cierto espíritu navideño con aquellos con los que normalmente no lo compartimos aunque pasemos más tiempo junto a ellos que con nuestras familias.

 

cena de empresa

Todo preparado para la cena de la empresa

 

Hay que tener cuidado en no sentarse demasiado cerca del jefe de uno, ya que es muy posible que, aderezado con los vapores alcohólicos de los caldos de la tierra, puedan llegar a sus oídos comentarios acerca de su gestión, que no siempre serán tomados de la manera que a nosotros nos gustaría.  Lo mismo ocurre con los subordinados, ya que muy posiblemente seamos nosotros el objeto de los anteriormente mencionados comentarios, aunque si la relación es cordial, serán en el peor de los casos, jocosos.

Siempre hay algún nuevo al que se le intenta convencer de cosas inverosímiles, siempre se intenta arañar algún euro más para el próximo presupuesto del departamento, siempre nos enteramos de algún asunto turbio que más de uno ha estado intentando ocultar… pero lo más curioso es analizar los subgrupos que se forman en la tertulia posterior, cuando ya están todos de pié con un vaso en la mano.

Normalmente se acaba compartiendo el bebercio con los de siempre, con los que uno tiene más trato y en cuya compañía nos sentimos más arropados.  Pero esto es precisamente lo contrario de lo que se persigue con este tipo de hermanamientos, aprovechemos para hablar con aquellos con los que normalmente no hablamos, acerquémonos a aquel tipo de la oficina de la última planta con el que nunca hemos cruzado ni una sola palabra.  Maravilloso me pareció cuando hace unos días coincidí en un restaurante con la cena de unos conocidos y descubrí en el mismo corrillo al director,  al ingeniero, al portero y al que barre.

Ojalá ese espíritu reinara todos los días del año.

La verdad nos hará libres.