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La verdad sobre la Semana Santa


Romancero irónico desde el máximo respeto por la fiesta, por si acaso pido perdón de antemano. Espero no disgustar demasiado a los capillitas…

Romance de la Semana Santa pasada por agua:

Como llovió en Carnaval
y el cachondeo se espanta,
sólo pido: ¡Ojalá
que llueva en Semana Santa!

Que pasos y capirotes
se refugien en sus templos,
que varillas y zelotes
anden pendientes del tiempo.

Que los hermanos mayores
consulten el Wind Gurú
mientras que los cargadores
están en el ambigú.

Que lloren por aguaceros
aunque sean de cuatro gotas,
que le pongan chubasquero
al Cristo, que va en pelotas.

Que les pongan un toldito
a los pasos de antemano,
que les pongan dos manguitos
a Apóstoles y Romanos.

Que se marchiten las flores
y se cojan pataletas,
que se rajen los tambores
y se oxiden las cornetas.

Que se mojen los pabilos
de los cirios e incensarios,
que se dejen de pamplinas,
picha, que no es necesario.

Que si a mi Dios le gustara
que gastaran dinerales
en los mantos y varales,
las nubes se disiparan.

Como no vendo libretos
de este romance tan ruin,
no me digas que estás tieso
y cómprame un pirulí.


A raíz del accidente de la central nuclear de Fukushima se habla mucho del gran peligro que entrañan estos centros de producción de energía, algunos proponen desmantelarlas por completo y sustituirlas por instalaciones de generación convencionales.  Pero las térmicas de carbón tampoco convencen, ya sea por la intervención del gobierno en el carbón nacional o por sus elevadas emisiones contaminantes.  ¿Qué nos queda? Los defensores de las nuevas tecnologías promueven los ciclos combinados, con sus elevados rendimientos, como la solución a la demanda energética aunque cierto es que la dependencia de países productores de gas políticamente inestable es muy notable.  Por último tenemos las energías renovables, tan caras como intermitentes, que sólo sirven para cubrir picos de demanda.

Un activista dijo: “!Que apaguen todas las centrales nucleares!”, y muchos le siguieron. Pero… ¿somos realmente conscientes de lo que ocurriría si no tuviésemos suficiente electricidad para mantener nuestro modo de vida?  Imaginemos que pagamos las centrales nucleares de España (creo que quedan sólo 5 ó 6).  El resto de centrales entraría en funcionamiento a las pocas horas pero se comprometería la estabilidad del servicio.  De paso, apaguemos también las de carbón (emiten mucho CO2) y unas cuantas de ciclo combinado, para dar la lata a los magrebíes.  Nos quedamos con las hidráulicas y las renovables, ¿ok?  Ahí empieza lo bueno…

Semáforo apagado traffic lights off

Los semáforos están apagados y el caos circulatorio es total

Cualquier día podrías despertar y llevarte unas cuantas sorpresas.  A las siete de la mañana la demanda supera a la oferta y no hay energía para todos.  Y… ¡qué mala suerte, han desconectado mi ciudad!  De momento llegaré tarde al trabajo, mi despertador es eléctrico y no ha sonado.  Tampoco puedo afeitarme, no hay luz en el baño y no veo un pimiento.  Me lavaré la cara, por lo menos, pero con agua fría ya que mi termo es eléctrico.  La nevera ha dejado de funcionar y el brick de leche que abrí ayer se ha cortado, así que abro uno nuevo y caliento un poco en un infiernillo de gas que rescato del trastero y que guardaba para los campings.  Debo bajar al garaje por las escaleras, a oscuras, ya que ni la luz del pasillo ni el ascensor funcionan.  Tampoco se abre la puerta de la cochera, usa un motor eléctrico, así que tengo que abrirla a mano con gran esfuerzo.

Por suerte mi coche funciona con gasolina (el de mi vecino es eléctrico, que se  joda, por moderno) y puedo seguir adelante sin acumular mucho retraso, pero los semáforos están todos apagados y el caos por el camino es total.  Aparcar se convierte en una aventura, los parkímetros no funcionan y seguramente me caerá una multa por no pagar el estacionamiento.  En la oficina lo único que se puede hacer es hablar por teléfono (tiene alimentación independiente) y escribir a boli, ya que los ordenadores están KO.  Ni siquiera podemos tomar café, la cafetera también es eléctrica.

Vuelvo a casa abatido por el día tan poco fructífero que estoy viviendo, con una multa de aparcamiento en el bolsillo (los locales han aprovechado la coyuntura para hacer caja), levanto la puerta de la cochera a mano y subo la escalera.  Como no había electricidad, el sistema de alarma de casa no funcionaba y unos cacos se han llevado el televisor, aunque no importa mucho, de todas formas no podría verlo.  Tampoco podría jugar a la video consola, ni conectarme a internet, ni recargar el teléfono móvil… sólo puedo ducharme con agua fría, leer un rato junto a la ventana mientras sea de día y preparar algo de cena con el infiernillo trasteril.

Revuelvo las posesiones de mi abuelo hasta que encuentro un despertador de cuerda.  Por lo menos mañana llegaré pronto al trabajo…

La verdad nos hará libres.

La verdad sobre las cenas de empresa


Desde que se han convertido en noticia habitual por estas fechas en los principales telediarios del país, el boom experimentado por las comidas o cenas de empresa está alcanzando cotas insospechadas.  Ni la crisis económica, ni el retraso de la edad de jubilación han conseguido frenar las ansias de cachondeo gratuito de todo el personal.  Sí es verdad que en ocasiones esas cenas pueden acabar convirtiéndose en páramos donde se desarrollen las más cruentas de las batallas campales entre jefes e indios, pero las más veces reina la armonía, aunque sólo sea por compartir cierto espíritu navideño con aquellos con los que normalmente no lo compartimos aunque pasemos más tiempo junto a ellos que con nuestras familias.

 

cena de empresa

Todo preparado para la cena de la empresa

 

Hay que tener cuidado en no sentarse demasiado cerca del jefe de uno, ya que es muy posible que, aderezado con los vapores alcohólicos de los caldos de la tierra, puedan llegar a sus oídos comentarios acerca de su gestión, que no siempre serán tomados de la manera que a nosotros nos gustaría.  Lo mismo ocurre con los subordinados, ya que muy posiblemente seamos nosotros el objeto de los anteriormente mencionados comentarios, aunque si la relación es cordial, serán en el peor de los casos, jocosos.

Siempre hay algún nuevo al que se le intenta convencer de cosas inverosímiles, siempre se intenta arañar algún euro más para el próximo presupuesto del departamento, siempre nos enteramos de algún asunto turbio que más de uno ha estado intentando ocultar… pero lo más curioso es analizar los subgrupos que se forman en la tertulia posterior, cuando ya están todos de pié con un vaso en la mano.

Normalmente se acaba compartiendo el bebercio con los de siempre, con los que uno tiene más trato y en cuya compañía nos sentimos más arropados.  Pero esto es precisamente lo contrario de lo que se persigue con este tipo de hermanamientos, aprovechemos para hablar con aquellos con los que normalmente no hablamos, acerquémonos a aquel tipo de la oficina de la última planta con el que nunca hemos cruzado ni una sola palabra.  Maravilloso me pareció cuando hace unos días coincidí en un restaurante con la cena de unos conocidos y descubrí en el mismo corrillo al director,  al ingeniero, al portero y al que barre.

Ojalá ese espíritu reinara todos los días del año.

La verdad nos hará libres.

La verdad sobre la Ñ


España acuñó con añoranza una letra tildada de ñoña, pero que es la caña.  Se la quieren cargar a cañonazos, hundirla en la boñiga, despeñarla, apuñalarla…  Ya no la dicen ni en Cataluña, ni los brasileños, ni los congoleños.  Habrá que apañarle una ñapa, porque los españoles le tienen cariño.  Cada año, gente de baja calaña van y meten cizaña para endiñarle un caño de ponzoña, no dejan de dar el coñazo.

España cañí

Salvemos la eñe, madrileña, extremeña, logroñesa… en fin, de toda España. Que nadie se extrañe, que no nos gruñan, la dicen hasta los gibraltareños en su peñón.  Encanta a niños, albañiles, qinceañeros y preñadas.  A regañadientes plañirán sus detractores, señores del guiñapo teñidos de añil.

Como ruiseñores tañerán sus intrumentos los encoñados de la eñe, ávidos de castañas, madroños y coñac, comiendo cañaillas junto a la cañada, cada uno en su escaño.  Recuerden la enseñanza, no hay  engaño en la españolía, mañana di la eñe y salte del rebaño.

Contra el empequeñecimiento de nuestra cultura.

La verdad nos hará libres.


Fácil, muy fácil es accionar el interruptor y encender la luz al entrar en una habitación a oscuras.  Las tinieblas se ven inmediatamente vencidas por una avalancha de luminosidad, casi instantáneamente, raudos fotones surcan la alcoba para dotarla de nuevos y renovados colores.  Bueno, sí… los colores de la colcha son los mismos que esta mañana, pero la diferencia es que ahora es de noche y ¡los vemos!  Hace apenas cien años era impensable contar con iluminación en las viviendas de estas características, limpia, potente, instantánea y segura.  Pero… ¿nos hemos preguntado alguna vez qué hay detrás de todo esto?

bombilla electrón

Como todos sabréis, la bombilla de casa se enciende empleando energía eléctrica, los electrones en movimiento atraviesan el delgadísimo filamento de wolframio de la bombilla y lo calientan a unos seis mil grados (la superficie del sol “sólo” alcanza los tres mil grados Celsius).  Más que al rojo vivo, se pone al blanco vivo.  Los electrones llegan a la bombilla prácticamente nadando en el seno de un cable de cobre que llega hasta vuestra casa desde un edificio de la compañía eléctrica que se llama “centro de transformación” y suelen estar en locales en los bajos de los edificios o en casetas independientes marcadas con un triangulito amarillo.

Je, la cosa se va poniendo interesante.  Desde ese centro de transformación parten cables que van a todas y cada una de las casas de vuestro barrio.  A él también llega un cable más gordo que viene de otro centro de transformación aún más grande que el de vuestra calle.  Estos suelen estar en las afueras de la ciudad, aunque con lo que han crecido algunas ciudades, muchos de los más antiguos están prácticamente en el centro.  A los centros grandes llegan otros cables aún más gordos que vienen de las subestaciones, que son edificios de enlace entre los que consumen la energía (vosotros) y los que la producen (las compañías de generación eléctrica).  A esas subestaciones llegan unos cables gordísimos que vienen de las centrales eléctricas.  En definitiva, desde tu casa a la central eléctrica más próxima puede haber cuarenta, cincuenta o cien kilómetros.

Para que tú puedas encender la luz de noche cuando vas a beber un vaso de agua a la cocina deben de reunirse una serie de condiciones que no siempre tenemos en cuenta:

  • Debes haber pagado el recibo de la luz.  Parece obvio, pero si no pagas, te cortan el suministro.  Y creo que ya ni siquiera te avisan con anterioridad.
  • Los centros de transformación y las subestaciones deben estar funcionando.  Esto quiere decir que hay gente despierta en todo momento que se ocupa de que las máquinas que están en esos edificios nunca se paren.
  • Las centrales eléctricas deben estar funcionando en este mismo momento.  Al igual que para las subestaciones, hay una serie de personas cuyo trabajo es que las centrales trabajen veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año.
  • Todo debe ir bien.  Los cables finos y los gordos deben estar en buenas condiciones (son el aperitivo preferido de las ratas), las máquinas de las subestaciones deben estar libres de averías y los generadores de las centrales eléctricas deben funcionar a pleno rendimiento.

Interesante aventura la que debe vivir un electrón cuyo viaje comience en el generador principal de una central eléctrica y termine en el filamento de tu bombilla, para acabar dando vida a un alegre fotón que iluminará tu cuarto.

Si tenéis dudas, animaos a preguntar.

La verdad nos hará libres.


¿Sabemos en manos de quién estamos?  ¿Sabemos quien gestiona las arcas municipales?  Expertos cualificadísimos, pensarán algunos, que han llegado a ocupar sus puestos después de triunfar en una larga serie de oposiciones de complejidad extrema.  Esto es, en parte, cierto, ya que en los ayuntamientos hay dos tipos de gestores: los electos y los técnicos.  Sólo los técnicos han opositado.  Sin embargo, los electos han pasado por un filtro aún más duro si cabe… ¡Las elecciones municipales!

avestruz

El autor gaditano J.C. Sánchez Enríquez satiriza la gestión municipal en su libro “Todos los ayuntamientos son Iguales”, donde relata las divertidas situaciones que se dan en un pueblo imaginario (Monteagudo) cuando el área de turismo, en un intento de atraer visitantes a la zona, se deja engañar por un vividor pseudo-empresario y adquiere un avestruz.  De forma casi inmediata, todo el pueblo se declara en contra de tan desdichada compra.  Para empezar, la oposición aprovecha la ocasión para desacreditar al actual alcalde, Rafael, y cubrirlo con un velo de descrédito.  Éste, se apoya en su equipo de concejales, entre los que destaca (por su comicidad) el de urbanismo, que sólo quería acceder al cargo para tapar los socavones de su calle que tanto atormentaban a su esposa.

Los ecologistas también se le echan encima, liderados por el simpático Margarito que, entre lance y lance de su tórrido romance con la ya madura Hortensia, dirigirá sus pancartas, berridos, sentadas y “manifas” a socavar la ya de por si dañada imagen del edil de turismo.  Los sindicatos no podían faltar en la fiesta, así como la policía local (preparada para actuar con inmediatez ante cualquier desorden) y los técnicos de protección civil, que también tendrán su propia batalla que librar.  Finalmente serán las asociaciones de vecinos y sus líderes los que, mientras buscan financiación para que sus mujeres puedan lucirse en su próxima verbena, atraerán el enorme pájaro a su terreno.

En tono jocoso se plantean muchas situaciones cuya resolución parecería sencilla a simple vista, pero que en el contexto del mar de papeles, chupatintas y enchufes de un ayuntamiento, se convierten en el más irresoluble de los laberintos.  Lo más divertido fue ponerle caras conocidas a los diferentes personajes de la historia, en función de sus “virtudes”… ¡Seguro que vosotros haréis lo mismo cuando lo leáis!

Esclarecedor y recomendable a todas luces.

La verdad nos hará libres.


¡Que buen trabajo! ¡Jefe de profesión! Algunas personas han nacido para ello, sin duda alguna han sido bendecidos con los santos óleos de la jefatura.  Desde pequeñitos se les veía venir, y es que apuntaban maneras ya en la más tierna infancia.  Son una especie aparte, de los que van quedando menos, pero que nunca llegará a extinguirse.  El típico “jefe español”, que ha llegado a donde está por ser primo segundo del vecino del director, que no sabe más que las cuatro reglas y para el cual escribir una simple instancia es poco menos que un crucigrama.  A todos ellos les dedico este romance… el “Romance del Jefe Español“:

 

Para llegar a ser jefe
no te tienes que olvidar:
de hacerte muchos amigos
y no tener dignidad.
Aprende a jugar al fútbol,
pero no cualquier manera,
practica el fuera de juego
y tira balones fuera.
“¡Yo no he sido el que lo ha hecho!”,
apréndelo de memoria.
Critica a tus compañeros,
no te mezcles con la escoria.
Y vende siempre a tu gente
para obtener beneficio,
nunca pienses en el precio,
que no es tuyo el sacrificio.
Y si hay uno que destaca
entre tus subordinados,
átalo fuerte a una estaca,
tenlo siempre controlado,
no vaya a ser que otro jefe
de rango mayor que el tuyo
lo ponga de directivo
y quedes como un capullo.
Trabajar es lo de menos,
la empresa importa un pepino,
tú sólo intenta cobrar
y meter a tu sobrino.
Que en esta vida sin rumbo
de sinsabor y quimera,
desde que el mundo es mundo,
ponen de jefe a cualquiera.

La verdad nos hará libres.

La verdad sobre el carácter latino


Desde siempre se ha ensalzado la forma de ser del español, del mediterráneo y, por extensión, del latino.   La gente del norte viene a acabar sus días en las tibias playas del sur, los pudientes mantienen residencias de verano que se asoman a los acantilados del Mare Nostrum… ¿será por el sol?  Seguramente no, será por el carácter latino.  Veamos que dice la sabiduría popular de todo esto a través de estudiar las canciones de grandes músicos y poetas:

mare nostrum

Julio Iglesias (¿se puede ser más latino?).  A pesar de vivir en Miami, el digno hijo de papuchi decía lo siguiente sobre los latinos:

A veces soy cuerdo y a veces loco…
…me gustan las mujeres, me gusta el vino…
…Y es que yo, amo la vida y amo el amor,
soy un truhán, soy un señor,
algo bohemio y soñador…
…y casi fiel en el amor.

Joan Manuel Serrat, poeta muy latino, a pesar de ser catalán.  También tenía algo que decir al respecto:

Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
tengo alma de marinero.

Francisco, la voz latina por excelencia.  Comparte con nosotros su descripción particular del carácter latino:

Latino, tengo el calor de una copa de vino,
mitad señor, mitad correcaminos,
como una estrella sigo mi destino.
Bohemio, con la mirada de un loco risueño,
algo poeta y forjador de sueños…
…que no pueda guardar jamás fidelidad.

Las conclusiones saltan a la vista:

  • El cachondeo siempre está presente.  El cante, las risas…
  • Parece que nos gusta ir siempre de aquí para allá. Vamos a donde nos lleve el viento del destino, como los marineros, los vagabundos, los correcaminos (mic, mic…).
  • El gusto por el vino y la buena vida de los señores.  Esto es normal, ¿no os parece?.  Si fuéramos teutones nos gustaría la cerveza, aunque a muchos latinos tampoco les desagrada.
  • Algo sorprendente: el juego.  Los truhanes, los jugadores… en el fondo vemos el mundo como un enorme tablero de juego en el que hay que arriesgarse para sacar el mayor provecho de la vida.
  • Pero tenemos muchos pájaros en la cabeza.  Medio locos, bohemios, embusteros, soñadores.  Es la parte creativa de la mentalidad mediterránea.
  • El culto a la mujer.  Pero a la mujer en general, como musa que inspira para todo lo demás.

Después de este repaso ¿quien niega el atractivo del latino?

La verdad nos hará libres.

La verdad sobre la comida basura


Llevo un tiempo interesado en temas de nutrición y dietética, más bien por obligación que por otra cosa.  La vida sedentaria y cómoda me ha generado una notable “curva de la felicidad”, así que cuando miro un filete no veo más que proteínas, vetas de grasa y cifras oscilantes de calorías.  Así que voy a compartir con vosotros algunos de los cálculos que hice en mis noches de insomnio y hambruna:

¿Engorda mucho la comida basura?

hamburguesa

Err… pues depende de cuánta comas.  Ahora que están de moda los restaurantes de hamburguesas americanas, McDonalds parece un buen ejemplo.  Una inocente cena en uno de esos lugares puede tener consecuencias desastrosas, y eso que sólo me voy a centrar en las calorías y no en el tipo de nutrientes:

Cena:

  • Big mac de oferta: 492 Kcal.
  • Patatas fritas medianitas: 253 Kcal
  • Lata de Coca-cola: 139 Kcal
  • Helado con trocitos: 200 Kcal

Total: 1084 Kcal del dolor…

Si tenemos en cuenta que un hombre adulto necesita alrededor de 2200 Kcal al día, nos encontramos que sólo con dos menús de estos podemos llegar a subsistir, energéticamente hablando.  Pero el desayuno lo hicimos en el bar de Paco y en el almuerzo hemos comido en casa, así que otra vez a sumar…

Desayuno:

  • Café con leche: 89 Kcal
  • Tostada con manteca “made in Paco”: 360 Kcal

Media mañana:

  • Otro café con leche: 89 Kcal

Almuerzo:

  • Ensalada mixta a compartir: 96 Kcal
  • Unas aceitunitas: 135 Kcal
  • Filete de atún de la plaza: 200 Kcal
  • Patatas fritas doraditas: 253 Kcal
  • Dos tintos de verano: 125 Kcal
  • Manzana (no había flan): 110 Kcal

Merienda:

  • El tercer café: 89 Kcal
  • Un dulce que trajo tu tía: 141 Kcal

Si a todo esto le sumamos la hamburguesa tenemos un total de 2771 Kcal.  Ya nos estamos pasando en 571 Kcal.  ¿Crees que es mucho?  Vamos a ver qué tenemos que hacer para quemar esas calorías de más…

Podemos estudiar durante cinco horas, ya que así quemamos 120 Kcal por hora, caminar durante dos horas, correr durante una hora o bailar durante una hora y media.  También podemos jugar un partido de fútbol, subir escaleras a buen ritmo durante tres cuartos de hora o (y esto es lo mejor) ¡tener sexo sin parar durante una hora y media!

Así que si vuestra pareja quiere ir al McDonalds o a la pizzería, ¡advertidle de lo que viene después!

La verdad nos hará libres.

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