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Nota del autor: ante la avalancha de visitas, comentarios y críticas, quiero dejar claro que los enlaces a blogs y páginas de terceros reflejan siempre la opinión de otros y se muestran aquí con la única intención de ilustrar el artículo, nunca como noticia ni como verdad absoluta.

Ya son varias las personas de mi entorno que han decidido abrir cuentas en Triodos Bank, alegando que se trata de un banco ético y sostenible.  Como se trata de gente muy coherente y sensibilizada con los temas sociales era paso obligado investigar un poco el asunto.  Como la propia entidad anuncia, “Triodos Bank es un banco independiente que solo financia empresas e iniciativas que, además de ser rentables, mejoran la calidad de vida de las personas y respetan la naturaleza”.  Suena muy bien, pero… ¿de verdad puede un banco ser ético?

Recordemos que la iglesia consideraba la usura como un pecado durante la edad media así que, a priori, prestar dinero con intereses no parece muy ético.  Pero claro, también era pecado interpretar la biblia a tu manera, así que el ejemplo no es muy representativo que digamos.  De todas formas es algo que todos los bancos hacen así que lo pasamos por alto.  Sí es verdad que Tridos apoya las iniciativas sociales, medioambientales y otras relacionadas con la cultura y con el ocio.  También resulta que son muy transparentes y publican sus resultados con total claridad.  Dan un interés que no está del todo mal… pero analicemos su publicidad (los comentarios en verde son míos):

  • Cuenta de ahorro con total disponibilidad de su dinero.  Hombre, faltaría más que no tuviéramos nuestro dinero disponible.
  • Ahorre fácilmente cada mes sin comisiones de apertura, gestión ni mantenimiento.  Esto lo hacen muchas entidades, pero la verdad es que está bien.
  • Puede donar parte de su interés a la ONG que usted decida.  Je, resulta que los éticos somos nosotros, no ellos…
  • Con la tranquilidad de saber qué hace el banco con su dinero.  Al menos en parte tienen razón.
  • Un 1,25% T.A.E. (1,24% interés nominal anual) con liquidación y abono mensual de intereses.  Esto también está muy bien, otras cuentas dan menos o nada.

Pero resulta que también hay críticas.  Hay un señor que escribe un blog en el que critica a Triodos porque dice que financia clínicas homeopáticas que (según él) venden pastillitas de azúcar a precio de medicinas.  Personalmente albergo serias duda contra este tipo de tratamientos que se basan más en el placebo que en otra cosa, en eso estoy de acuerdo con Jesús.  Lo curioso es que este señor llegó a escribir a Triodos criticando esa actitud e incluso llegó a recibir respuesta a su mail y comentarios en su blog por parte del departamento de comunicación.  Punto a su favor (por ambas partes).

Por otra parte, los orígenes del banco están muy relacionados con una organización un tanto esotérica, la Antroposofía.  Esto no tiene porqué conllevar ningún inconveniente de por si, pero según cuentan antiguos empleados, para llegar a ser alguien dentro de la entidad hay que estar vinculado a los antropósofos y a su organización.  Tampoco es nada fuera de lo común, pasa en todas partes, los amigos de los jefes son los que ascienden.  Pero en una entidad que se autodenomina “ética” queda un poco peor, ¿no?  Hay más, resulta que Triodos mantiene relaciones comerciales con la Fundacion Ashoka, creada y financiada por el magnate del amianto Stephan Schmidheiny, quien a sabiendas que el amianto producía cáncer, calló y nunca dijo nada a sus trabajadores.  Está regular, por no decir fatal.

Como decía super-ratón, no se vayan todavía que aún hay más.  Por lo visto los éticos de Triodos financian a la Fundación O´Belén, organización supuestamente “sin ánimo de lucro” creada a finales de los 90 por un grupo de políticos y empresarios que pretendían aprovechar la privatización de los servicios sociales que comenzaba en aquel momento.   Esta organización mantiene centros de menores y, según esta página, ya han ocurrido varios episodios de malos tratos (e incluso muertes) a infantes.  Según su política, no deberían financiarlos, ¿tú qué opinas?

Terminamos con un refrán que viene muy al caso, dada la cantidad de entidades financieras esclavizantes y alienantes: “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey”.  Tiene guasa la cosa.

La verdad nos hará libres.

Nota del autor (09/08/12): a estas alturas ya han pasado por aquí el departamento de comunicación de Triodos para desmentir algunas de las criticas vertidas en las páginas que enlazo, así como detractores de la Fundación O’Belén (que también dan sus razones).  Quiero dejar claro que no es mi intención lanzar acusaciones ni encumbrar a nadie, tan solo presentar unos presuntos hechos para dar lugar al debate.

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Tiempo de lectura: 4 min.

Ya hemos visto previamente en este blog que existen muchas similitudes entre organismos vivos y otros que aparentemente son inertes, pero que disfrutan de unas características que bien podría dotarles de una cierta “vida”.  Las empresas, según su concepción tradicional, también están sujetas a un ciclo de vida: el abuelo la veía nacer y la criaba, el padre la llevaba a su edad adulta y el nieto se la cargaba con sus despilfarros.  Pero esto ya no es así, actualmente la empresa multinacional se ha convertido, más que en un ser vivo, en un monstruo de proporciones escandalosas.

Trabajo wok

¿Estás dispuesto a alimentar a tu empresa?

A estas alturas de la película nadie duda ya del tremendo poder del que disfrutan las grandes corporaciones, con sus beneficios astronómicos, sus inversiones selectivas y sus políticas de compras y fusiones.  A veces alcanzan un poderío superior al de algunos gobiernos, influyen en la economía de varios países de manera simultánea y sus directivos pueden llegar a convertirse en altos cargos de las administraciones públicas a la larga.  Las multinacionales nacen, por supuesto, en muchas ocasiones gracias a la fusión de varias empresas más pequeñas o adoptando configuraciones de holdings o trusts.  Emiten sus acciones para ampliar capital y crecen, crecen cada vez más.

Pero el monstruo también necesita alimentarse, ¿Y cuál es el alimento de la empresa?  ¿Sus productos?  ¿Sus beneficios?  No.  Sus trabajadores.  Seguramente conocerás a alguno, si no a muchos de ellos…  Son esos a los que no les importa realizar grandes sacrificios personales a cambio de pequeños logros dentro de la organización empresarial, los que prolongan sus jornadas hasta el límite de lo imaginable, los que aceptan estoicamente traslados o asumen grandes responsabilidades a cambio de vagas promesas sobre el futuro.  ¿Estás dispuesto a que tu empresa se nutra con tu sangre?

Ya las empresas casi nunca mueren.  Son fagocitadas por otras empresas, desmembradas para ser vendidas por trozos, reestructuradas en diferentes sociedades o asumido su control por el gobierno.  Se han convertido en entes inmortales, trascendiendo a sus creadores mucho más allá de sus cortas vidas, alimentándose de las ambiciones de sus directivos y produciendo, produciendo bienes o servicios cuya necesidad en la sociedad ellas mismas se han encargado de crear.

El super-hombre ha llegado, solo que no es un hombre…

La verdad nos hará libres.

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5 millones de parados

O más...

Decirlo más alto es díficil.  Decirlo más claro es imposible.

La verdad nos hará libres.

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Dicen que antiguamente, en un periodo de la historia muy anterior a lo que recuerdan los anales, habitaba en La Tierra una raza de seres inteligentes.  Estos seres (los llamaremos, simplemente, “los seres”) poseían la capacidad de comunicación aunque no eran capaces de hablar.  La transmisión de la información entre los individuos se llevaba a cabo mediante un lenguaje de signos muy rudimentario que sólo permitía compartir acciones y conceptos muy básicos.  Las ideas complejas (la envidia, lo abstracto, el razonamiento…) tras muchas dificultades podían ser comprendidas por los seres pero tenían que aprenderlas por si mismos o en pequeños grupos, ya que la propia naturaleza del lenguaje impedía que otros se las enseñaran.

Los conceptos elevados debían ser aprendidos por uno mismo

Los conceptos elevados debían ser aprendidos por uno mismo

Eventualmente una familia, al ver como un lobo  una y otra vez robaba las ovejas que con tanto esfuerzo habían criado, comprendió el concepto de apropiarse del trabajo y de los bienes ajenos.  Como el lobo, decidieron que había llegado la hora de que otros trabajaran para ellos.  Primero, engañaron a sus vecinos para que se ocuparan de los rebaños de las dos familias.  Los vecinos no comprendían muy bien lo que estaba pasando, pero acabaron criando dos rebaños en lugar de uno.  Cuando llegaba el momento de ordeñar y esquilar, era la primera familia la que e ocupaba de hacerlo y sólo repartía con los vecinos una pequeña parte de la leche y la lana.

El padre de la familia “despierta” no tardó en darse cuenta de que con muy poco trabajo habían conseguido un beneficio muy superior al de años anteriores, así que decidieron extender su dominio a otros vecinos.  En pocos años habían conseguido subyugar a todo el valle, y aunque las demás familias continuamente pensaba que “algo raro” estaba ocurriendo, no alcanzaban a darse cuenta del todo porque no conocían el concepto de “esclavitud“.  Pero era inevitable que, a fuerza de sufrirlo, acabaran comprendiéndolo, y un día uno de los primeros vecinos se dio cuenta de la realidad y se rebeló contra la familia dominante.  Como el resto de esclavos no comprendía del todo la situación, al principio no le siguieron.

El padre de la “nobleza” decidió no arriesgarse, así que mediante la fuerza disfrazó al rebelde de oveja y lo ató a un poste junto al resto del rebaño, pero FUERA del redil.  Esa misma noche los lobos se lo comieron.  De un plumazo, los líderes alcanzaron dos objetivos:

  1. Atajaron la incipiente rebelión.
  2. Echaron la culpa a otros.

La maniobra fue magistral.

Los años pasaron y la familia dominante era cada vez más rica.  Ya no recogía los frutos de los rebaños de otros, sino que ahora todos los rebaños les pertenecían y los demás trabajaban para ellos a cambio de lo justo para mantenerse.  No tenían tiempo para dedicarse a pensar, no tenían fuerzas ni ganas para organizarse, no les quedaban ánimos para darse cuenta de lo que realmente ocurría.  Si alguna vez una mente lúcida daba muestras de descontento los líderes mataban un par de corderos y organizaban una fiesta para todos.  Distraían la atención hacia otro lado.  Los esclavos, hartos de trabajar, acogían la celebración pensando que era un regalo de los nobles.  Incluso algunos llegaron a pensar que la familia dominante era una bendición, ya que les proporcionaba trabajo, alimento y diversión… ¿Qué más se podía pedir?

Mientras tanto, los líderes dedicaban su tiempo a desarrollar conceptos complejos.  Lo primero que descubrieron fue la esclavitud (era obvio), luego la avaricia, el yo por encima de todo, la maximización de beneficios, el recorte de derechos… también descubrieron la libertad, pero guardaron ese concepto en un arcón y lo enterraron en el monte, para que nadie nunca lo descubriera.  Todos los conocimientos los utilizaban en su favor.  Los súbditos llegaron a ser totalmente dependientes de sus amos:

  • Debían trabajar mucho a cambio de pocos réditos.
  • Debían agradecer a la nobleza las fiestas que organizaban.
  • Debían cuidar a la nobleza para mantener el status quo.
  • No debían pensar, pues era probable que acabaran siendo pasto de los lobos.
  • Debían acudir a la nobleza para todo lo que necesitaran: vestido, cobijo, incluso para algunos conceptos elevados, como la justicia y la seguridad.

Hasta que un día, un joven que buscaba raíces en el monte para conseguir un poco de alimento extra se encontró con un arcón enterrado.  Sorprendido, lo abrió, y al instante, una paloma que surgió de su interior emprendió el vuelo…

La verdad os hará libres.


Tiempo de lectura: 6 min.

“Un guardia de Corps abrió las bruñidas y relucientes puertas dobles del salón del trono y anunció al Marqués de la Ensenada, secretario de Indias, superintendente de rentas, lugarteniente general de almirantazgo y caballero del Toisón de Oro.  El Marqués entró al salón rodeado de su séquito, con mucha pompa y boato, seguido de su guardia personal y (presumiblemente) algunas de sus más allegadas cortesanas.”

Coronas distinguidas... oro en la cabeza, noble entre los nobles..

Coronas distinguidas... oro en la cabeza, noble entre los nobles..

No mucho tiempo atrás, la nobleza disfrutaba de unos privilegios que en muchas ocasiones el pueblo sólo era capaz de imaginar.  No pagaban impuestos, tenían acceso a la corte y al Rey, gobernaban sus tierras como si fueran reyes de facto e incluso podían dictar leyes que tuvieran validez en sus posesiones.  Todos estos derechos eran concedidos por el Rey a cambio de sus servicios, tratándose éstos en su mayor parte de hazañas y conquistas en la guerra, o de apoyos a la corona de una u otra forma.

Si el Rey necesitaba entrar en algún conflicto armado (muchas veces influido por la Iglesia u otros intereses) hacía un llamamiento a los nobles, que acudían acompañados de sus caballeros (pagados y mantenidos por el propio noble) y de una tropa de campesinos mal armada y peor instruida.  Ni que decir tiene que en la batalla la peor parte se la llevaban los campesinos.  A cambio de su apoyo en las batallas, el Rey concedía tierras a los nobles, o les permitía hacer uso de privilegios con los que los otros nobles no contaban.  Una cosa a cambio de la otra.

Tal anacronismo sigue vigente hoy en día.  Ya no se denomina como tal, ni tampoco lo concede el Rey.  Incluso se da en otros “círculos” diferentes de las casas reales.  El presidente de una empresa puede “armar caballero” a un miembro del consejo de administración a cambio de favorecer con su voto tal o cual política de fusiones (que será seguramente rentable para el presidente pero muy perjudicial para los empleados).  Desde entonces el “nuevo noble” disfrutará de prebendas como coches de empresa, acceso a pisos francos de la empresa, influencia con los sindicatos, posibilidad de contratar a familiares y amigos… y esto se da a todos los niveles, son los nuevos nobles de España.

Como siempre, se consiguen beneficios a cambio de vender a otros.  Buen ejemplo estamos dejando a las generaciones venideras, para llegar a ser algo hay que pisar al compañero.

Mal vamos.

La verdad nos hará libres.


Se impone un cambio.  Pero no un cambio tímido, de esos que de tan leves apenas si se dejan notar.  Se impone EL cambio, el cambio con mayúsculas, la ocasión que todos estábamos esperando.  La situación actual nos obliga a dar un giro radical al devenir de los acontecimientos y si no, vamos a ver algunas razones:

  • El que tiene el dinero, tiene el poder.
  • El que tiene el poder, decide sobre las vidas de los que no lo tienen.
  • Los que mandan siempre son los mismos.
  • Si no tienes dinero, nunca tendrás poder.

 

Libertad guiando al pueblo.  Delacroix.

Libertad guiando al pueblo. Delacroix.

 

No debemos permitir que el mundo siempre esté en manos de unos pocos, que sean otros los que decidan el destino de las masas, nuestro destino, TU destino.  Muchos de nosotros vivimos en la ignorancia del grandísimo tinglado que hay montado a nuestro alrededor, del ingente tejemaneje que controla todo lo que nos rodea… los mercados, los precios, los salarios, los impuestos… todo está fríamente calculado para aumentar las riquezas del que ya es adinerado, para mantener el status quo que sólo beneficia a unos cuantos mientras que nosotros, tú y yo, seguimos alimentándolos con nuestra sangre.

Rebelémonos.  Digamos NO al ultraje, al robo a mano armada que practican a diario los poderosos.  Levantémonos contra los abusos de los bancos, de los gobiernos, de las grandes corporaciones.  Todas estas instituciones están siempre controladas por los mismos, por una élite que lo único que ha hecho en su vida es heredar la posición económica de sus ancestros, sin ninguna clase de esfuerzo todo les viene dado de manera gratuita.

Denunciemos.  Pero no a las autoridades, que están corruptas, cubiertas con la ponzoña del engaño y la traición.  Digámonos unos a otros la verdad, compartamos las realidades con nuestros familiares y amigos, que todos sepan de la gran mentira que estamos viviendo.  Hace unos miles de años, varias personas que habían quedado al cuidado del rebaño mientras los demás iban a cazar se apoderaron del ganado armados con palos y piedras.  Sus descendientes aún siguen siendo los amos del rebaño, precisamente los únicos que no trabajan son los únicos que se benefician del fruto del trabajo del resto.

Armémonos.  Pertrechémonos con la lanza del conocimiento y cubrámonos con el yelmo de la razón.  Nuestras bombas serán las pancartas, nuestras espadas, los discursos.  ¡Qué mejor munición que las palabras! Inagotables, imbuidas del poder que la verdad les otorga, atravesarán los escudos de la élite para desbancarlos de sus pedestales.

Viva Wikileaks.
Viva la Rebelión.
Viva la Verdad.

La Verdad nos hará libres.

La verdad sobre las cenas de empresa


Desde que se han convertido en noticia habitual por estas fechas en los principales telediarios del país, el boom experimentado por las comidas o cenas de empresa está alcanzando cotas insospechadas.  Ni la crisis económica, ni el retraso de la edad de jubilación han conseguido frenar las ansias de cachondeo gratuito de todo el personal.  Sí es verdad que en ocasiones esas cenas pueden acabar convirtiéndose en páramos donde se desarrollen las más cruentas de las batallas campales entre jefes e indios, pero las más veces reina la armonía, aunque sólo sea por compartir cierto espíritu navideño con aquellos con los que normalmente no lo compartimos aunque pasemos más tiempo junto a ellos que con nuestras familias.

 

cena de empresa

Todo preparado para la cena de la empresa

 

Hay que tener cuidado en no sentarse demasiado cerca del jefe de uno, ya que es muy posible que, aderezado con los vapores alcohólicos de los caldos de la tierra, puedan llegar a sus oídos comentarios acerca de su gestión, que no siempre serán tomados de la manera que a nosotros nos gustaría.  Lo mismo ocurre con los subordinados, ya que muy posiblemente seamos nosotros el objeto de los anteriormente mencionados comentarios, aunque si la relación es cordial, serán en el peor de los casos, jocosos.

Siempre hay algún nuevo al que se le intenta convencer de cosas inverosímiles, siempre se intenta arañar algún euro más para el próximo presupuesto del departamento, siempre nos enteramos de algún asunto turbio que más de uno ha estado intentando ocultar… pero lo más curioso es analizar los subgrupos que se forman en la tertulia posterior, cuando ya están todos de pié con un vaso en la mano.

Normalmente se acaba compartiendo el bebercio con los de siempre, con los que uno tiene más trato y en cuya compañía nos sentimos más arropados.  Pero esto es precisamente lo contrario de lo que se persigue con este tipo de hermanamientos, aprovechemos para hablar con aquellos con los que normalmente no hablamos, acerquémonos a aquel tipo de la oficina de la última planta con el que nunca hemos cruzado ni una sola palabra.  Maravilloso me pareció cuando hace unos días coincidí en un restaurante con la cena de unos conocidos y descubrí en el mismo corrillo al director,  al ingeniero, al portero y al que barre.

Ojalá ese espíritu reinara todos los días del año.

La verdad nos hará libres.


Seguro que muchos de vosotros creéis que sois libres, que podéis hacer lo que os plazca, que nada os coacciona y que el poder de decisión está en vuestra mano.  Nada más lejos de la realidad.  La mayoría de nosotros (me incluyo, por supuesto) somos esclavos.  Vivimos atados a una u otra cadena, sometidos al yugo de gentes que no hemos visto en nuestra vida y, lo que es peor, la mayoría de las veces no somos conscientes de ello.  ¿Creéis que miento?  Seguid leyendo y luego me diréis…

chain cadena

Los esclavos del tabaco. Nadie puede negar esto.  Viven enganchados a una sustancia que, no sólo causa un nimio placer, sino que es altamente dañina para la salud, carísima, que provoca adicción y que está gravada con elevadísimos impuestos.

Los esclavos de la moda. Deben ir siempre a la última, renovando el armario cada temporada, vistiendo prendas que en muchas ocasiones no les gustan pero que deben llevar porque están de moda.  Pagan precios excesivos por prendas que, unos meses más tarde, estarán a mitad de precio.

Los esclavos de la tele. Se tragan programas de calidad ínfima, que no les aportan nada más que consumir su tiempo vital mirando como transcurre la vida de los demás en lugar de vivir la suya propia.  No estaría tan mal si la gran parte de la vida de los famosos no fuera un teatro.

Los esclavos del trabajo. Hace poco, un compañero decía que si no trabajara, se sentiría aburrido e inútil.  Le respondí: “¿Tan vacía es tu vida que tienes que llenarla de trabajo?”.  El trabajo es necesario para vivir, pero sin pasarse.  Nadie va a agradecerte ninguno de los esfuerzos que puedas llegar a hacer en el trabajo y, si pueden, se colgarán medallas a tu costa.  Tú haces el trabajo y otros cobran por ello, ¿Se puede ser más esclavo?

Los esclavos del dinero. Aquellos que viven encadenados a los préstamos, a las tarjetas de crédito, las hipotecas abusivas…  los tan mencionados mercados nos crean necesidades que no tenemos y que nos vemos empujados a cubrir para no ser menos que los vecinos.  ¿Necesitas realmente ese coche? ¿En verdad te hace falta comprarte todo eso?  Si es así, reúne un poco de dinero para comprarlo al contado, pero si no… replantéate tu modo de vida.

Los esclavos de los demás. Muchos, casi todos, vivimos obsesionados con lo que pensarán los otros de nosotros.  Nos importa que crean que somos tontos, que nuestra vida es pobre, que somos infelices o inferiores a ellos.  Por fuerza queremos aparentar lo que no somos para ser la envidia de aquellos que, muchas veces, llamamos amigo.  ¿Te gusta a ti envidiar a alguien? A tus amigos tampoco, respeta su felicidad y a la larga ellos respetarán la tuya.

Los esclavos de la ignorancia. Qué decir… sin palabras.

 

Hay más, hay muchos más… ¡Despertad!

La verdad nos hará libres.


¡Que buen trabajo! ¡Jefe de profesión! Algunas personas han nacido para ello, sin duda alguna han sido bendecidos con los santos óleos de la jefatura.  Desde pequeñitos se les veía venir, y es que apuntaban maneras ya en la más tierna infancia.  Son una especie aparte, de los que van quedando menos, pero que nunca llegará a extinguirse.  El típico “jefe español”, que ha llegado a donde está por ser primo segundo del vecino del director, que no sabe más que las cuatro reglas y para el cual escribir una simple instancia es poco menos que un crucigrama.  A todos ellos les dedico este romance… el “Romance del Jefe Español“:

 

Para llegar a ser jefe
no te tienes que olvidar:
de hacerte muchos amigos
y no tener dignidad.
Aprende a jugar al fútbol,
pero no cualquier manera,
practica el fuera de juego
y tira balones fuera.
“¡Yo no he sido el que lo ha hecho!”,
apréndelo de memoria.
Critica a tus compañeros,
no te mezcles con la escoria.
Y vende siempre a tu gente
para obtener beneficio,
nunca pienses en el precio,
que no es tuyo el sacrificio.
Y si hay uno que destaca
entre tus subordinados,
átalo fuerte a una estaca,
tenlo siempre controlado,
no vaya a ser que otro jefe
de rango mayor que el tuyo
lo ponga de directivo
y quedes como un capullo.
Trabajar es lo de menos,
la empresa importa un pepino,
tú sólo intenta cobrar
y meter a tu sobrino.
Que en esta vida sin rumbo
de sinsabor y quimera,
desde que el mundo es mundo,
ponen de jefe a cualquiera.

La verdad nos hará libres.


Desde que se publicó en el BOE la Ley de Prevención de Riesgos Laborales del año 1995 muy poco se ha avanzado en la prevención REAL de los accidentes laborales en España.  Cientos de normas, disposiciones adicionales, reglamentos y demás literatura se ha publicado en pro de la seguridad y salud laboral, pero ¿ha tenido éxito esta legislación? Veamos un gráfico de la evolución de los accidentes laborales con baja en los diez últimos años (fuente: Ministerio de Trabajo e Inmigración), en millones de accidentes por año:

Gráfico siniestralidad laboral

Se puede apreciar que a partir del 2008 la siniestralidad baja de forma drástica, pero no se debe a la correcta aplicación de la normativa, sino al descenso de la actividad laboral motivado por la crisis.  La pregunta que surge es evidente:

¿Porqué sigue habiendo tantos accidentes?

La respuesta es bien sencilla: la legislación no se aplica.  Puede parecer incoherente, tenemos todo un sistema legislativo sobre prevención y nos lo saltamos a la torera en favor de la producción.  Sí, señores, la producción es más importante que la seguridad.  O lo que es lo mismo: para las empresas el dinero es más importante que la vida de sus trabajadores.  Si ya habéis terminado de sacaros los ojos y rasgaros las vestiduras pensad que el único fin de las empresas es ganar dinero.  Los accionistas no conocen a los trabajadores, los altos directivos no conocen a los operarios y los responsables locales están más interesados en cobrar sus bonus de objetivos que en la salud de los que, al fin y al cabo, son sus compañeros.

No obstante, algunos Técnicos de Prevención intentan hacer su trabajo lo mejor que pueden, exigiendo el cumplimiento de la legislación, para estrellarse contra el muro de los responsables de producción.  A algunos ya les duelen los oídos de escuchar destemplados: “No me toques los cojones”.  Sí, amigos, para algunos la salud de sus compañeros no es más que un estorbo, un ballbreaker contra sus bonus de producción.  Debería ser un delito.  Poner trabas a los Técnicos de Prevención debería estar considerado como un delito en el código penal, es más, los Técnicos de Prevención deberían ser funcionarios con la misma autoridad que los policías, ya que actúan por la seguridad de los ciudadanos.

La prevención se ha convertido en un estorbo, en un rellenar papeles la semana antes de que venga la auditoría externa.  Y hasta la próxima auditoría, ni papeles siquiera.

No hay más ciego que el que no quiere ver.

La verdad nos hará libres.

La verdad sobre la generación tapón


Hablaré hoy sobre un conflicto generacional a nivel nacional, que se da sobre todo en el seno de las grandes empresas y las instituciones públicas.  Seguro que alguna vez os habéis preguntado ¿Cómo es que esta persona es jefe, si no vale un pimiento? La respuesta es bien sencilla.  Antes de la transición, los estudios universitarios estaban prácticamente reservados a una minoría, una élite de personas que podían permitírselo.  Obviamente, esta “élite” ocupaba los puestos de responsabilidad.  Pero a principios de los años ochenta el panorama cambió.  La enseñanza superior estaba disponible para cualquiera que quisiera estudiar y estuviera dispuesto a ello, así que en la década de los noventa nos encontramos en España con una masa de jóvenes con estudios terminados, postgrados y formación complementaria de alto nivel.  Estos jóvenes empezaron a ocupar los puestos de base, ya que los puestos de responsabilidad seguían copados por la elite de la generación anterior, que se aferraba a ellos con uñas y dientes, muchas veces inmerecidamente.

A partir de ahí es donde surge el problema.  La generación JASP (aunque suene a tópico, hay que reconocer que existe) se vió bloqueada por la élite.  Aquellos que disfrutaban de sillones de cuero, despachos con retrato de Juan Carlos, secretarias de infarto y chofer propios no permitían que lo que venían empujando fuerte pudieran destacar.  En lugar de promover y premiar a los buenos trabajadores se dedicaban a hundirlos, pisotearlos y darlos de lado, utilizando como armas el descrédito y la descalificación gratuita.  Esta generación no busca el bien de su empresa, sino su propio bienestar.  Paradójicamente, los altos directivos, o no se han dado cuenta de esta situación, o pertenecen a la élite de la generación tapón.

Mientras tanto, seguimos relegados al fondo de la escala salarial, acatando las oscuras voluntades de los que nos oprimen desde arriba y rezando (los que sepan) para que algún día se jubilen los directivos pisoteadores.  Tienen miedo de que los nuevos puedan acceder a sus puestos, y en lugar de demostrar que merecen estar donde están, prefieren dirigir sus esfuerzos a cargarse al compañero.

De momento, el único tapón al que he conseguido vencer ha sido éste:

tapón de cruzcampo

Así nos va.

La verdad nos hará libres.

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