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En tiempos difíciles como éstos todo ahorro es bueno, así que cualquier iniciativa para ahorrar es bienvenida, sobre todo en la dolorosa factura de la luz.  En la televisión anuncian unos aparatitos que, simplemente enchufándolos, aseguran un ahorro del 30% en la factura.  Puedo deciros con conocimiento de causa (estudié ingeniería) que estos aparatos realmente funcionan si tenéis en casa aparatos como: tubos fluorescentes, bombillas de bajo consumo, ventiladores, lavadoras… Pero, ¿Y si os dijera que es posible reducir a cero la factura de la luz?

La tan temida factura de la luz

¿Contrato con Iberdrola, con Fenosa...? Mejor ¡ninguna!

Vamos a tomar como ejemplo una vivienda típical spanish con 3 dormitorios, cocina, salón, baño y pasillo.  Sus propietarios cuentan además con termo, cocina y horno eléctricos.  La potencia a instalar en la cocina será de 5400w.  Usando bombillas de 60w y teniendo en cuenta la tele, el ordenador, secadores de pelo y similares en cantidades razonables podemos considerar que la potencia necesaria  para el resto de la casa será de 2000w.  Pero en realidad nunca tenemos todo encendido, así que aplicamos un coeficiente de simultaneidad de 0,7 y nos quedamos con unos 5500w.  Con esto, la factura de la luz es de aproximadamente 100€ mensuales.

Ahora empieza la aventura.  Resulta que nos hemos comprado un unifamiliar nuevecito y queremos ahorrarnos esos 100€ para llegar mejor a fin de mes.  Así que empezamos a recortar, lo primero es instalar cocina, horno, frigorífico y lavadora de gas (parece mentira pero existen y cuestan casi igual que los eléctricos).  Así gastaremos butano, pero solo 13€ al mes.  Y luego cambiamos la iluminación por bombillas de bajo consumo, que ya hemos visto que es rentable.  Je, también compramos el aparatito de la tele, que se llama Power Optimiser y funciona de verdad.  No gano nada con publicitarlo aquí, pero por el mero hecho de ayudar ya merece la mención.  Con estos recortes, la simultaneidad y el aparatito nuestra potencia será de unos 1000w.  La hemos reducido a una quinta parte.

¿Podemos hacer algo más?  Sí, y mucho.  Instalamos un calentador de agua solar que cuesta unos 700€ y nos cepillamos el termo eléctrico para siempre.  Luego, aprovechando que vivimos en un unifamiliar instalamos 2 bonitos aerogeneradores domésticos que nos dan 800w por 2400€.  También ponemos 3 placas fotovoltáicas que brindan 360w (1800€).  Hay que combinar las tres cosas porque no siempre va a haber viento y de noche está claro que sol no hay.  Resulta que entre la instalación, las baterías y las subvenciones la broma ecológica sale por 4400€.  Parece mucho, pero la realidad es que con esto ya no necesitamos tener un contrato de la luz.

Acabamos con lo más divertido, el retorno de la inversión.  Con la luz normal pagamos 100€ al mes, con el tema de las renovables pagamos una inversión de 4400€, 13€ de butano y unos 100€ anuales del técnico de mantenimiento de los equipos.  Aún así, al final del quinto año hemos amortizado la inversión y lo que es mejor: nunca más pagaremos la factura de la luz.

La verdad nos hará libres.

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A raíz del accidente de la central nuclear de Fukushima se habla mucho del gran peligro que entrañan estos centros de producción de energía, algunos proponen desmantelarlas por completo y sustituirlas por instalaciones de generación convencionales.  Pero las térmicas de carbón tampoco convencen, ya sea por la intervención del gobierno en el carbón nacional o por sus elevadas emisiones contaminantes.  ¿Qué nos queda? Los defensores de las nuevas tecnologías promueven los ciclos combinados, con sus elevados rendimientos, como la solución a la demanda energética aunque cierto es que la dependencia de países productores de gas políticamente inestable es muy notable.  Por último tenemos las energías renovables, tan caras como intermitentes, que sólo sirven para cubrir picos de demanda.

Un activista dijo: “!Que apaguen todas las centrales nucleares!”, y muchos le siguieron. Pero… ¿somos realmente conscientes de lo que ocurriría si no tuviésemos suficiente electricidad para mantener nuestro modo de vida?  Imaginemos que pagamos las centrales nucleares de España (creo que quedan sólo 5 ó 6).  El resto de centrales entraría en funcionamiento a las pocas horas pero se comprometería la estabilidad del servicio.  De paso, apaguemos también las de carbón (emiten mucho CO2) y unas cuantas de ciclo combinado, para dar la lata a los magrebíes.  Nos quedamos con las hidráulicas y las renovables, ¿ok?  Ahí empieza lo bueno…

Semáforo apagado traffic lights off

Los semáforos están apagados y el caos circulatorio es total

Cualquier día podrías despertar y llevarte unas cuantas sorpresas.  A las siete de la mañana la demanda supera a la oferta y no hay energía para todos.  Y… ¡qué mala suerte, han desconectado mi ciudad!  De momento llegaré tarde al trabajo, mi despertador es eléctrico y no ha sonado.  Tampoco puedo afeitarme, no hay luz en el baño y no veo un pimiento.  Me lavaré la cara, por lo menos, pero con agua fría ya que mi termo es eléctrico.  La nevera ha dejado de funcionar y el brick de leche que abrí ayer se ha cortado, así que abro uno nuevo y caliento un poco en un infiernillo de gas que rescato del trastero y que guardaba para los campings.  Debo bajar al garaje por las escaleras, a oscuras, ya que ni la luz del pasillo ni el ascensor funcionan.  Tampoco se abre la puerta de la cochera, usa un motor eléctrico, así que tengo que abrirla a mano con gran esfuerzo.

Por suerte mi coche funciona con gasolina (el de mi vecino es eléctrico, que se  joda, por moderno) y puedo seguir adelante sin acumular mucho retraso, pero los semáforos están todos apagados y el caos por el camino es total.  Aparcar se convierte en una aventura, los parkímetros no funcionan y seguramente me caerá una multa por no pagar el estacionamiento.  En la oficina lo único que se puede hacer es hablar por teléfono (tiene alimentación independiente) y escribir a boli, ya que los ordenadores están KO.  Ni siquiera podemos tomar café, la cafetera también es eléctrica.

Vuelvo a casa abatido por el día tan poco fructífero que estoy viviendo, con una multa de aparcamiento en el bolsillo (los locales han aprovechado la coyuntura para hacer caja), levanto la puerta de la cochera a mano y subo la escalera.  Como no había electricidad, el sistema de alarma de casa no funcionaba y unos cacos se han llevado el televisor, aunque no importa mucho, de todas formas no podría verlo.  Tampoco podría jugar a la video consola, ni conectarme a internet, ni recargar el teléfono móvil… sólo puedo ducharme con agua fría, leer un rato junto a la ventana mientras sea de día y preparar algo de cena con el infiernillo trasteril.

Revuelvo las posesiones de mi abuelo hasta que encuentro un despertador de cuerda.  Por lo menos mañana llegaré pronto al trabajo…

La verdad nos hará libres.


Fácil, muy fácil es accionar el interruptor y encender la luz al entrar en una habitación a oscuras.  Las tinieblas se ven inmediatamente vencidas por una avalancha de luminosidad, casi instantáneamente, raudos fotones surcan la alcoba para dotarla de nuevos y renovados colores.  Bueno, sí… los colores de la colcha son los mismos que esta mañana, pero la diferencia es que ahora es de noche y ¡los vemos!  Hace apenas cien años era impensable contar con iluminación en las viviendas de estas características, limpia, potente, instantánea y segura.  Pero… ¿nos hemos preguntado alguna vez qué hay detrás de todo esto?

bombilla electrón

Como todos sabréis, la bombilla de casa se enciende empleando energía eléctrica, los electrones en movimiento atraviesan el delgadísimo filamento de wolframio de la bombilla y lo calientan a unos seis mil grados (la superficie del sol “sólo” alcanza los tres mil grados Celsius).  Más que al rojo vivo, se pone al blanco vivo.  Los electrones llegan a la bombilla prácticamente nadando en el seno de un cable de cobre que llega hasta vuestra casa desde un edificio de la compañía eléctrica que se llama “centro de transformación” y suelen estar en locales en los bajos de los edificios o en casetas independientes marcadas con un triangulito amarillo.

Je, la cosa se va poniendo interesante.  Desde ese centro de transformación parten cables que van a todas y cada una de las casas de vuestro barrio.  A él también llega un cable más gordo que viene de otro centro de transformación aún más grande que el de vuestra calle.  Estos suelen estar en las afueras de la ciudad, aunque con lo que han crecido algunas ciudades, muchos de los más antiguos están prácticamente en el centro.  A los centros grandes llegan otros cables aún más gordos que vienen de las subestaciones, que son edificios de enlace entre los que consumen la energía (vosotros) y los que la producen (las compañías de generación eléctrica).  A esas subestaciones llegan unos cables gordísimos que vienen de las centrales eléctricas.  En definitiva, desde tu casa a la central eléctrica más próxima puede haber cuarenta, cincuenta o cien kilómetros.

Para que tú puedas encender la luz de noche cuando vas a beber un vaso de agua a la cocina deben de reunirse una serie de condiciones que no siempre tenemos en cuenta:

  • Debes haber pagado el recibo de la luz.  Parece obvio, pero si no pagas, te cortan el suministro.  Y creo que ya ni siquiera te avisan con anterioridad.
  • Los centros de transformación y las subestaciones deben estar funcionando.  Esto quiere decir que hay gente despierta en todo momento que se ocupa de que las máquinas que están en esos edificios nunca se paren.
  • Las centrales eléctricas deben estar funcionando en este mismo momento.  Al igual que para las subestaciones, hay una serie de personas cuyo trabajo es que las centrales trabajen veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año.
  • Todo debe ir bien.  Los cables finos y los gordos deben estar en buenas condiciones (son el aperitivo preferido de las ratas), las máquinas de las subestaciones deben estar libres de averías y los generadores de las centrales eléctricas deben funcionar a pleno rendimiento.

Interesante aventura la que debe vivir un electrón cuyo viaje comience en el generador principal de una central eléctrica y termine en el filamento de tu bombilla, para acabar dando vida a un alegre fotón que iluminará tu cuarto.

Si tenéis dudas, animaos a preguntar.

La verdad nos hará libres.

La verdad sobre la luz


En respuesta a una pregunta de un conocido sobre la naturaleza de la luz…

A diario, la luz no sólo nos ilumina, también nos calienta.  La luz hace posible la vida en La Tierra, interviene en la formación de la materia orgánica a través de la fotosíntesis, nos ayuda a comunicarnos y puede convertir el día más triste en una explosión de vida y color.  Pero… ¿Sabemos realmente qué es la luz?

luz

La luz es una onda electromagnética, una sucesión de campos eléctricos y campos magnéticos que se transmite en una dirección determinada.  La luz no está compuesta de partículas, aunque a veces se comporte como tal.  La onda lumínica está formada por pequeños paquetes de energía que se llaman “fotones” y son la cantidad mínima de luz que se puede emitir, transportar y recibir.  Los fotones no tienen masa, no pesan nada y pueden viajar en el vacío a casi trescientos mil kilómetros por segundo.

Por otra parte, la luz es portadora de energía que al impactar en un objeto se manifiesta en forma de calor, por eso la luz calienta.  La onda lumínica puede reflejarse en todo lo que nos rodea y llegar a nuestros ojos, que transforman las ondas electromagnéticas en señales eléctricas que llegan a nuestro cerebro para formar las imágenes.  Es por eso que podemos ver.

Las plantas y las algas utilizan la luz para sintetizar materia orgánica a partir de materia inorgánica.  Los animales y los humanos necesitan materia orgánica para vivir pero no pueden sintetizarla, por lo que la dependencia de las plantas es total.  Las hojas de las plantas “fijan” la energía de la onda lumínica en un compuesto químico que se llama adenosín trifosfato (ATP), que luego emplean el resto de seres vivos como fuente de energía para el mantenimiento de la vida.

Características curiosas de la luz:

  • La luz no pesa.
  • Nada puede viajar más rápido que la luz.
  • La luz se transmite por el vacío.
  • La luz transporta energía.
  • La luz se transmite en una sola dirección.
  • No todas las ondas lumínicas son visibles.

Espero haber arrojado un poco de “luz” sobre el asunto, ¿Tenéis más preguntas?

La verdad nos hará libres.


Hay temas de los que no hablo porque no entiendo de ellos.  De otros no hablo porque no quiero entender.  De algunos hablo a todas horas y de otros sólo hablo cuando me preguntan.  A esta última categoría pertenece el mundo de la energía eléctrica, tan difícil de comprender para los no iniciados.  Amigos y conocidos han llegado a plantearme preguntas interesantes sobre la electricidad, y las respuestas a esas preguntas son tan esclarecedoras que descorren el tupido velo que tiñe al electrón en movimiento con un halo de misterio.  Allá van, una por una:

¿Es verdad que la electricidad se mueve a la velocidad de la luz?

No, no es verdad.  La electricidad son electrones en movimiento en el seno de un material, partículas que poseen una pequeña masa.  Para que algo se mueva a la velocidad de la luz, sería necesario proporcionarle una energía casi infinita (la energía es igual a un medio de la masa por la velocidad al cuadrado) y como en el mundo no existe ninguna fuente de energía infinita, no es posible que nada que tenga masa (por pequeña que sea) pueda moverse a la velocidad de la luz.  Sólo aquello que no tenga masa (como los fotones y las ondas de radio, por ejemplo) pueden viajar a la velocidad de la luz.

¿Se puede almacenar la electricidad?

No, no se puede.  Ya hemos dicho que la electricidad es un movimiento de electrones, y como no podemos “guardar” el movimiento, no es posible almacenar la electricidad.  Para que lo entendamos: se puede almacenar el aire, pero no el viento.

¿Y qué pasa con las pilas? Ahí se guarda electricidad.

En realidad, no.  En las pilas se guarda energía química, que produce una diferencia de potencial ente sus polos (positivo y negativo).  Sólo al unir sus polos mediante un conductor, la energía química genera el movimiento de los electrones.

Si no se puede guardar la electricidad… ¿Qué se hace con la que “sobra” de las centrales?

No sobra nada.  Se genera exactamente la que se está consumiendo en cada instante.  Si muchos hogares apagan la luz a la vez, las centrales generarán menos electricidad para compensar la caída del consumo.

¿Por qué me da calambre si toco un cable en tensión?

El calambre es la sensación de la electricidad pasando por tus nervios.  Provoca una contracción involuntaria de los músculos, que puede hacer que te quedes “pegado” o “agarrado” al cable sin poder soltarlo.  Por eso nunca hay que tocar un cable con la palma de la mano.  En caso de hacerlo (ni se os ocurra) es mejor con el dorso de la mano, ya que el espasmo recibido os aleja del peligro.

enchufe

¿Qué es lo que mata, la tensión o la intensidad?

Ninguna de las dos cosas (o las dos cosas a la vez).  Lo que realmente mata es la potencia liberada en el momento del calambre, que es lo que va a producirte las quemaduras.  Por otro lado, si la corriente eléctrica tiene suficientes niveles de tensión e intensidad y atraviesa el corazón, puede provocar que éste entre en fibrilación, deteniendo el flujo sanguíneo.

Me han dicho que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma ¿Es verdad?

Aunque eso constituye el principio de conservación de la energía de la primera ley de la termodinámica, es sólo una verdad a medias.  Es cierto que en un proceso energético la energía no se destruye, sino que se transforma en otro tipo de energía.  Lo que pasa es que ese nuevo tipo de energía siempre es menos “aprovechable” que el anterior.  La energía siempre se “degrada”.  Ejemplo: si enchufamos un ventilador para estar fresquitos, no toda la energía eléctrica que consume el motor se emplea en mover las aspas, parte se convierte en calor por el efecto Joule, esa energía no la hemos aprovechado, se ha degradado.  Cuando se degrade toda la energía del universo, se producirá la muerte térmica del mismo.

Y tú… ¿Tienes más preguntas?

La verdad nos hará libres.


Se ha hablado mucho sobre la conveniencia de sustituir las bombillas de nuestra casa por las de bajo consumo pero de todos es sabido el alto precio que estas nuevas lámparas alcanzan en el mercado, por lo que muchos prefieren seguir utilizando las bombillas tradicionales.  Así que vamos a calcular, excel en mano, si de verdad hay ahorro o no en el uso de estas bombillas.

Partimos de la premisa de que en una vivienda habitual de 3 dormitorios hay una media de, por ejemplo, 20 bombillas de incandescencia de 60w, lo que da una potencia eléctrica de 1200w.  Por supuesto, no están encendidas todas a la vez, ni a todas horas del día, así que vamos a aplicar lo que se conoce en ingeniería como “coeficiente de simultaneidad”.  Suponemos que el uso irregular de esas lámparas equivale al uso regular y continuo del 15% de ellas.  De esta forma nos encontramos con 180w de consumo ininterrumpido (0.18kw).  A un precio de 0.114€ el kilowatio hora, tenemos que el gasto diario en iluminación es de 0.5€.

Veamos ahora el caso de las lámparas de bajo consumo.  Para obtener la misma iluminación, necesitaremos 20 lámparas de 11w cada una, ya que el rendimiento de éstas es mayor.  Así, con el mismo coeficiente de simultaneidad, la potencia se reduce a 33w en continuo.  Aplicando los valores anteriormente expuestos el gasto diario es de 9 céntimos de euro.

Lámpara de bajo consumo

Bombillas de bajo consumo, ¿Son la solución?

Hay que tener en cuenta también el coste de las bombillas, tanto de las de incandescencia convencionales como de las de bajo consumo.   El coste de las de bajo consumo es de aproximadamente 5€ cada una, por lo que el total de nuestras 20 bombillas serán 100€.  Las convencionales son más baratas, pero aún así tendrán un coste de, por ejemplo, 50 céntimos.  En ese caso, el coste de nuestra instalación de iluminación convencional asciende a 10€.

Hay otro tema, y es el de la duración de las bombillas.  Las lámparas de incandescencia tienen una duración aproximada de 1000 horas de funcionamiento, mientras que las de bajo consumo pueden llegar hasta las 10.000 sin problemas.  Esto quiere decir que habrá que sustituir 10 veces una lámpara convencional antes de que sea necesario hacer lo propio con su contrapartida fluorescente.  Como el día tiene 24 horas, habrá que reponer las lámparas incandescentes cada 277 días (recordemos el funcionamiento continuo y el coeficiente de simultaneidad), mientras que las  de bajo consumo  durarán 10 veces más.  Para facilitar las cosas, asumiremos el coste mensual de reposición, que será 1.08 para las convencionales y ¡oh sorpresa! Exactamente el mismo para las fluorescentes.  Recordemos que duran 10 veces más, pero que también cuestan 10 veces más.

Comparamos ambos supuestos en una gráfica del coste acumulado a través de los meses:

Llegado a un punto, se recupera lo invertido y empieza a ser rentable

Llegado a un punto, se recupera lo invertido y empieza a ser rentable

Aunque parezca increíble, habremos igualado costes en el octavo mes y a partir de ahí todo son ganancias.  Como ejemplo, al cabo de 10 años nos habremos ahorrado la friolera de 1300€.

Allá cada uno con sus cuentas…

La verdad nos hará libres.

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